Aun cuando no dejó ninguna huella real ante Holanda, que le redujo los espacios a través de centrales implacables, Lionel Messi tiene la final del Mundial para decorar con su talento una Copa que necesita en su pedigrí.
Es una ocasión perfecta para que el mejor jugador de la era moderna, que tuvo una presencia casi periférica en medio del laberinto naranja, ponga en juego el reclamo de un espacio entre los grandes de todos los tiempos.
Discutir el excepcional talento de Messi y su habilidad para mostrarlo en la cancha, además de ridículo, sería injusto. Sin embargo, si desea ser visto en la misma categoría de Pelé y Maradona, necesita brillar el domingo.
UN BUEN MUNDIAL
Este jugador, capaz de una genialidad a partir de la nada, ha registrado un buen Mundial, mientras restaura su imagen como el número uno del mundo, a pesar del año complicado que tuvo con el Barcelona.
Su gol de fino acabado le puso el sello a la primera victoria de Argentina ante Bosnia. Después decidió en los descuentos el duelo ante un terco Irán, y se despachó un doblete ante Nigeria, para cerrar la fase de grupos.
Y aunque no ha marcado en los duelos eliminatorios, su pase, habilitando a Ángel Di María, significó la victoria ante Suiza. Y ante Holanda disparó primero, lo que reitera su liderazgo en esta Argentina creciente.
Messi produce goles para sí mismo o para otro. Incluso en cierto modo contribuye a la defensa de su equipo. Al jalar tanta marca, como pasó ante Holanda, que tenía un pelotón tras él, hay menos gente en labores ofensivas.
AHORA ES EL MOMENTO
Este Messi, que vemos ahora a través de esas arrancadas fulgurantes y recortes eléctricos, era solo un jovencito de 19 años cuando Pekerman lo dejó en el banco en 2006, mientras Alemania vencía a Argentina vía penales.
Ya había madurado en Sudáfrica 2010, cuando la misma Alemania reventó 4-0 a la Argentina de Maradona. Fue una forma tenebrosa de ponerle fin a un Mundial en el que Messi ni siquiera consiguió anotar un gol.
Ahora, convertido en el mejor jugador del mundo y con un historial brillante en España (seis ligas) y Europa (tres Champions), Messi está en posición de dejar marca en el Mundial, y mejor aún, en la historia universal.
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