Una imagen de Ernesto Sábato de 1983, una memoria viva para muchos por el legado de sus novelas y prosa. LA PRENSA/efe

Una casa para Ernesto Sábato

Tres años después de su muerte, el escritor argentino Ernesto Sábato pelea por volver definitivamente a casa, al museo que lleva su nombre en la localidad bonaerense de Santos Lugares, cuya apertura se retrasa por falta de fondos.

Tres años después de su muerte, el escritor argentino Ernesto Sábato pelea por volver definitivamente a casa, al museo que lleva su nombre en la localidad bonaerense de Santos Lugares, cuya apertura se retrasa por falta de fondos.

Mario Sábato, hijo del autor de El túnel, encabeza desde hace años esta batalla por abrir el museo y está empeñado en lograrlo antes de septiembre, cuando se cumple el treinta aniversario del informe “Nunca más”, elaborado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, que presidió el escritor, quien documentó los crímenes de la última dictadura militar (1976-1983).

NO HAY BANDERAS

El museo en su memoria “no es una cuestión que tenga que ver con banderitas partidarias, es un tema de todos los argentinos”, sostiene Mario Sábato.

Sábato obtuvo fondos del gobierno de la provincia de Buenos Aires para su proyecto, pero fueron insuficientes para conseguir su objetivo y tuvo que emprender, a finales del año pasado, una campaña de aportaciones voluntarias que le ha permitido avanzar en la propuesta, pero no garantizar la apertura de la institución.

Su última iniciativa: denunciar la falta de apoyo institucional en una carta pública dirigida a su padre muerto con motivo del último aniversario del escritor (1911-2011).

«Cuando teníamos que decirnos algo importante, recurríamos a las cartas», recuerda Sábato, que en esta ocasión le explica a su padre que no ha logrado abrir el museo en junio, tal como le habría gustado, pero que no abandona su empeño.

INTERACTIVO

“No queremos hacer un mausoleo, queremos hacer un museo interactivo y tenemos muchas ideas para que sea un lugar dinámico, como era la casa cuando convocaba artistas conocidos y otros que iban a serlo, a políticos, a periodistas, a escritores. Esa es la atmósfera que queremos recuperar”, insiste.

“La casa está como era cuando mi padre estaba en su plenitud, como si se hubiera ido hace diez minutos y estuviera a punto de volver”, asegura, porque “queremos que la gente sienta que está ahí, porque realmente está”, insiste.

“Virtudes heredadas de mi padre, no tengo ninguna. Heredé los defectos, y, entre ellos, el carácter podrido. Lo tengo, y mi mayor dificultad es mantener la calma, no cerrar la puerta y tener esperanzas”, apunta Sábato.

Y concluye en la carta a su padre: «No quiero que caigas en esas depresiones que tanto nos agobiaban en casa. Quédate tranquilo (aunque me cuesta imaginarte tranquilo, aún después de muerto)».

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