Estamos en medio de una época a la que llamo “la tiranía de las contraseñas”, según Thomas Way, profesor de ciencias informáticas en la Universidad de Villanova. “Parece el momento para una revolución”.
Se podría alegar que la revolución ya está en marcha y que la necesidad de usar contraseñas tendrá el mismo destino que los disquetes y las conexiones telefónicas a internet.
Ya existen varios servicios que generan y almacenan contraseñas para que uno no tenga que recordarlas. Además está surgiendo tecnología biométrica que recurre a las huellas dactilares y el reconocimiento facial para ayudar a entrar en nuestras cuentas y nuestros dispositivos.
Algunos de los nuevos iPhones usan esa tecnología, al igual que algunos minoristas, cuyos empleados inician sesión en las computadoras del trabajo con un toque de la mano.
¿CÓMO ERA?
Sin embargo, muchas personas se aferran a las contraseñas, a pesar de que aquellas que terminamos creando —las que sí podemos recordar— a menudo no son seguras en absoluto.
En internet circulan listas de las contraseñas más comunes y se verán desde “abc123” y “dejenmeentrar” hasta —adivinaste— la propia palabra “password”.
Bill Lidinsky, director de seguridad y análisis forense de la Facultad de Tecnología Aplicada del Instituto de Tecnología de Illinois, dice que lo ha visto todo. En sus clases de la universidad demuestra lo fácil que es utilizar software disponible para averiguar muchas contraseñas.
“Abro las contraseñas de mis estudiantes todo el tiempo”, dice Lidinsky, “a veces en cuestión de segundos”. Aun así, una buena contraseña no necesariamente tiene que ser enloquecedoramente complicada, opina Keith Palmgren, un experto en seguridad cibernética en Texas.
“Quien acuñó la frase de 'contraseña compleja' nos hizo un mal favor”, dijo Palmgren, un instructor en el Instituto SANS, una organización de investigación y educación que se centra en la seguridad de alta tecnología.
CÓMO INVENTAR UNA
Palmgren ofrecerá un curso sobre contraseñas a otros profesionales de la tecnología este año, y planea sugerir que la clave sea la imprevisibilidad y la longitud. Pero no tiene que ser algo que no se pueda recordar. Si un sitio permite contraseñas largas y caracteres especiales, Palmgren sugiere el uso de una frase entera como contraseña, incluso con espacios y puntuación, si es posible: “Esta oración es un ejemplo”.
También sugiere probar varios tipos de contraseñas en un sitio web desarrollado por la firma Gibson Research Corp., con sede en California, para ver cuánto tiempo tomaría descubrirla: https://www.grc.com/haystack.htm.
Lidinsky recomienda el uso de un “algoritmo mental simple”, incluyendo los que utilizan espacios, si un sitio lo permite. A modo de ejemplo, dijo que alguien podría tratar con “Ama95 zon” para una cuenta de Amazon o “Yah95 oo” para una cuenta de Yahoo!, y así sucesivamente.
Pero también están surgiendo otras soluciones. Investigadores en la Universidad de York, en Inglaterra, están desarrollando un nuevo sistema de autenticación llamado Facelock, que pide identificar rostros familiares para entrar en una cuenta o servicio.
Ver en la versión impresa las páginas: 9 B