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Los cultivadores de flores de Aranjuez abastecen a vendedores de Managua. LA PRENSA/Amalia Morales

Una economía movida por flores

Detrás del riachuelo, en medio del subibaja de una loma verde perejil plantada con café sin roya, está el rosal de Feliciano López, un productor de Aranjuez, Matagalpa, quien una década atrás comenzó a cultivar rosas en esa tierra generosa que está a casi 1,400 metros sobre el nivel del mar.

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Cultivo y producción de flores en el norte del país

Amalia Morales

Detrás del riachuelo, en medio del subibaja de una loma verde perejil plantada con café sin roya, está el rosal de Feliciano López, un productor de Aranjuez, Matagalpa, quien una década atrás comenzó a cultivar rosas en esa tierra generosa que está a casi 1,400 metros sobre el nivel del mar.

Esta mañana de martes, a eso de las seis, en medio de una neblina espesa, don Feliciano y su esposa Andrea Gutiérrez se levantaron a cortar las cincuenta docenas de rosas que les compra día de por medio un acopiador de la zona.

“Aquí empecé con tres matitas para hacer este plantío de rosas y donde se crió la mata le fui sacando el hijo, de tres matas sembré setenta matas en unos tres meses”, dice don Feliciano, que en el área de un cuarto de manzana tiene unos tres mil palos de rosas que florecen todo el año.

A veinte minutos de camino, subiendo y bajando otras lomas de Aranjuez y sus sectores, donde viven unas 1,500 personas, se esconden plantíos de otras flores como crisantemos y gerberas que tienen tanta demanda en el mercado de Matagalpa como las rosas.

[doap_box title=»El chico fresa» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

Por la altura, el agua y la tierra, la comunidad de Aranjuez y sus alrededores es privilegiada. Boanerges Dormus dice que unos años atrás se aventuró a cultivar fresas que iba a vender hasta Matagalpa. Recuerda que era el único y le pagaban a 20 córdobas la libra. Entonces no había mucha demanda y lo abandonó. “La gente no sabía comerla”, dice este productor, quien ahora se ha quedado con las flores y el café de altura.

[/doap_box][doap_box title=»Desde los setenta» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

Fue en los setenta, con algunas semillas traídas desde otros países, que comenzaron a florecer gerberas, crisantemos y rosas en esta comunidad que está a media hora de Matagalpa, en una zona donde alguna vez funcionó un sanatorio donde llegaban a curarse los enfermos de tuberculosis desde distintas partes del país.

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Dentro de un invernadero rústico de unas 25 varas cuadradas, Boanerges Dormus mantiene un plantío de gerberas, una planta ornamental de tallo largo que se cultiva en colores naranja, rosado, rojo y amarillo.

Dormus, quien siempre ha sembrado café, entró al cultivo de flores hace cuatro años.

“Empecé en sociedad con un amigo, pero el amigo dejó la sociedad y me quedé con ello”, explica Dormus, quien corta unas 25 docenas de gerberas por semana.

En el sector de Dormus, donde sobresalen los arbustos de café que, según los pobladores, están limpios de roya, está el pequeño invernadero de crisantemos de otro productor que también alterna la floricultura con el café.

BAJOS PRECIOS

Los cultivadores cuentan que la docena de rosas y de gerberas se las compran a 25 córdobas. En tiempos de demanda, las gerberas puestas en Matagalpa pueden llegar a costar 40 córdobas la docena.

Dormus dice que los crisantemos cuestan entre 15 y 20 córdobas la docena. Su ganancia semanal con las flores oscila entre los 500 y 600 córdobas.

Gran parte de estas flores bajan luego a las floristerías de la capital, donde se venden a precios elevados. “Una vez, la misma gerbera que a mí me compraron a 40 córdobas por docena, la estaban ofreciendo desde Matagalpa a 400 pesos, la misma docena”, dice una cultivadora de esas flores de la misma comunidad.

Los productores relatan que el negocio de las flores también fluctúa y la demanda varía por temporadas. Cuando se acerca el Día de los Difuntos, el 2 de noviembre, el día del padre y de la madre, aumenta la demanda de flores entre los compradores de Matagalpa.

Algunos, como Feliciano López, dicen que venden rosas todo el año, sin embargo, reconoce que en esas fechas también crece la demanda y a veces mejora el precio.

“Para noviembre para esas fechas yo saco mil moños, te dan 30 córdobas por cada uno. Hago unos 30,000 córdobas y ya con eso cubro las necesidades”, dice Dormus, quien cultiva también dos manzanas de café.

CUIDAR COMO UN NIÑO

“Es como cuidar un niño tierno, porque tiene muchas plagas. La flor para poder llevarla al mercado tiene que tener una calidad excelente, para competir con los floricultores, no es cosa fácil, es un proceso de aprendizaje hasta llegar a hacerse experto”, dice Dormus sobre el cuido de las gerberas y los crisantemos.

Mientras que López para mantener el rosal libre del “chamusco” necesita abonarlo y fumigarlo con frecuencia. También reconoce que es delicado, pero el plantío, donde hay varios miles de rosas, es bastante generoso: una sola planta puede dar hasta dos docenas de rosas rojas.

En esas tierras altas, además del café y las flores también se cultivan helechos, y en algún tiempo Dormus cultivó fresas. “Era el único”, dice este productor que abandonó esa fruta porque no había mucha demanda.

A pesar que en la zona crecen muchos tipos de flores y cada vez hay más productores dedicándose a cultivarlas, no se han animado a organizarse. “Es que se siembran distintas flores”, dice Dormus.

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