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De cómo amar…

Hemos nacido para amar en cualquier etapa de nuestra vida, aunque querer es una conducta que hay que aprender, enseñar y practicar. Necesitamos amor del bueno y sufrimos cuando no resulta de la calidad que esperábamos, lo cual, entre otros factores, puede obedecer a nuestro modelo de pareja, afirma Mila Cahue, psicóloga de pareja.

Hemos nacido para amar en cualquier etapa de nuestra vida, aunque querer es una conducta que hay que aprender, enseñar y practicar. Necesitamos amor del bueno y sufrimos cuando no resulta de la calidad que esperábamos, lo cual, entre otros factores, puede obedecer a nuestro modelo de pareja, afirma Mila Cahue, psicóloga de pareja.

¿Qué modelo de pareja elegimos? Para esta especialista, autora del libro Amor del bueno , en la elección de nuestro modelo de pareja intervienen una serie de elementos, tanto conscientes como subconscientes, y los factores que desencadenan el amor son imprevisibles y, sobre todo, individuales y muy subjetivos.

“Para llamarse pareja ya no es imprescindible vivir juntos. Cada uno vive en su hogar, aunque exista un compromiso estable. Las razones para preferir este modelo son variadas, pero lo importante es que ambos estén de acuerdo y exista una sólida fundamentación de confianza y seguridad para ambos.

Para Cahue existen parejas en las que todo (tiempo, espacio, ocio, dinero, muebles) es de los dos a la vez. No se dan los espacios personales y todo está revuelto… y funcionan muy bien así.

¿HIJOS SÍ O NO?

“Esta cuestión es muy importante dejarla clara antes de que la relación avance. Tan injusto es obligar a quien no quiere tener hijos a que los tenga, como privar de ellos a quien sueña con su propia familia. Es un tema no negociable. Si se dan polos opuestos, lo más aconsejable sería dejar la relación, pues no van a ser capaces de darse lo que necesitan para ser felices, o alguno de los dos va a sufrir innecesaria e injustamente”, señala la psicóloga.

“Dejando los mitos a un lado, no es mejor el primer amor ni el último, quizás tampoco el del medio, sino el que se hace bien y nos hace sentir mejor. El atractivo físico de las etapas más jóvenes se compensa, en edades más adultas, conociéndose uno mejor y potenciando los puntos fuertes del atractivo personal. No hay por qué renunciar al amor en una etapa avanzada de la vida por un estado de viudedad o un divorcio. ¡Mientras el corazón esté latiendo, el amor es posible!

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