Porto Seguro/Afp
La semana pasada arrolló a Honduras con un triplete (3-0), mañana atacará a la Argentina de Lionel Messi en los octavos de final del Mundial. La ascensión suiza depende de Xherdan Shaqiri, su joven cabeza de cordada.
“Ha mostrado de lo que es capaz. Xherdan ha escrito una página de historia”, le felicitó el seleccionador de Suiza, Ottmar Hitzfeld, que le está agradecido por haber estirado también su propia historia, puesto que el técnico alemán se jubila después de Brasil 2014.
Todas las esperanzas del país alpino de alcanzar unos cuartos de final de un Mundial tras 60 años de espera, que sería una primicia en el formato actual del torneo, se concentran en el volante ofensivo nacido en Kosovo desde que firmó el triplete número 50 de la historia del torneo.
El jueves pasado por la noche, la AFP lo vio cenando en una churrasquería de Porto Seguro, refugio de los suizos en el nordeste de Brasil, de incógnito en compañía del centrocampista Blerim Dzemaili y otra persona.
Y parece que tiene buen saque “Baby Popeye”, otro de sus apodos que se explican por su corta estatura (1,69 m) y su robustez, ilustrada por unos gemelos (44 cm de contorno) y unos muslos (60 cm) dignos de un culturista. Él prefiere “XS”, sus iniciales que también corresponden a su envergadura.
Con hambre de revancha, celebró su primer gol llevándose el índice a la boca, un gesto dirigido a acallar a los críticos porque esperaban demasiado de él. Ha cumplido.
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