Porto Alegre / AFP / EFE
«Bienvenidos, bienvenidos, ¡tickets en la mano!», dice una de las voluntarias de Brasil-2014 antes del ingreso al estadio Beira-Rio de Porto Alegre, objeto de un fuerte operativo el miércoles ya que el 90% de los argentinos llegados en las últimas horas para el partido con Nigeria lo hizo sin entradas.
Tras las mareas en Rio de Janeiro para el debut frente a Bosnia (2-1) y en Belo Horizonte para el agónico triunfo ante Irán (1-0), esta vez fue el turno de la ciudad del sur de Brasil, que recibió cerca de cien mil aficionados albicelestes según diferentes estimaciones. De ellos, unos 80 mil no tienen una entrada para ver en directo el encuentro de acuerdo con diferentes estimaciones.
«Estuve en Rio, estuve en Belo Horizonte, pero esta vez en la calle hay muchos más argentinos. No sé cuántos tendrán entradas, pero somos muchísimos», dijo a a AFP Héctor Acuña, un porteño de 32 años, en la puerta del estadio.
Los hinchas comenzaron a llegar a la cancha más de tres horas antes del partido. Avanzaban cantando por el «Camino del gol», como apodaron a la avenida Padre Cacique que bordea el Beira Rio, vallado por completo por las fuerzas de seguridad.
El estadio tiene capacidad para unas 43 mil personas y hasta la semana pasada se estimaba que había unos 19 mil argentinos con entradas, una cifra seguramente en aumento a la hora del silbato inicial como consecuencia de la reventa.
Tanto en coche como volando, el goteo de aficionados albicelestes ha ido cayendo sobre una ciudad muy tranquila a lo largo de los últimos cuatro días.
Poco a poco, Porto Alegre se ha ido tiñiendo de azul y blanco hasta llenar las calles de cánticos, borracheras y, sobre todo, mucho olor a fútbol.
Hinchas desesperados por conseguir una entrada vagan por la ciudad. Los tickets se llegan a ofrecer hasta en tres mil reales brasileños (997 euros), cuando el salario mínimo de Argentina en 2014 asciende a 327 euros mensuales.
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El operativo para el partido incluyó más policías en las áreas de circulación en los alrededores y adentro del estadio, así como un vallado varios cientos de metros antes del ingreso.
Según la policía federal de caminos brasileña, el 90% de los extranjeros que llegaron a Porto Alegre en las últimas horas declararon no tener billetes para el encuentro.
PARTIDO DE MAYOR RIESGO PARA LA POLICÍA DE BRASIL
Porto Alegre ha tenido que doblegar sus refuerzos en seguridad. Al contrario que en los tres anteriores choques que se han disputado en la ciudad, un Honduras-Francia, un Australia-Holanda y un Corea del Sur-Argelia, la presencia de Argentina ha conseguido hacer un efecto llamada indescriptible.
Ante la avalancha, el alcalde de la ciudad, José Forunati, ha decidido emplearse a fondo. A última hora decidió ampliar la zona de seguidores, que tenia una capacidad para 16 mil espectadores. Ha crecido, pero no es suficiente para acoger a todos.
Porto Alegre se ha llenado de fuerzas de seguridad. En total, más de cinco mil agentes entre ellos de las policías federal, militar y civil, tratarán de mantener el orden. Forunati, ha puesto la carne en el asador para pasar una prueba de fuego.
«Por la cantidad de turistas, en función del número de simpatizantes, este partido es el de mayor riesgo para nosotros en términos de seguridad y el que más nos preocupa», afirmó a la prensa el subcomandante de la brigada militar, coronel Silanus Serenito de Oliveira Mello.
«Muchos simpatizantes sin entradas vinieron para intentar ver al equipo o sentir el clima en el hotel, en el aeropuerto. Nuestro desafío es separar a los alborotadores de las personas de bien», agregó.
UN HERIDO POR PELEA EN UN BAR
Si por el momento el fuerte operativo de seguridad parecía ganar la pulseada, de todos modos se registraron incidentes. El martes por la noche un simpatizante argentino fue baleado en una pierna en una pelea en un bar del barrio Cidade Baixa, informó la prensa local.
Hasta el martes a la noche, las autoridades brasileñas rechazaron el ingreso al país de 17 argentinos, posiblemente incluidos en una lista de 2.100 barras bravas entregada por el gobierno argentina a su par brasileño antes del Mundial.
Como fue el caso en el Maracaná y el Mineirao, los precios de reventa eran estratosféricos para un partido de la primera fase, con un billete cuyo valor oficial era de 90 a 175 dólares ofrecido por 700 «verdes» o más.
Para quienes no consiguieron entradas la primera alternativa era el Fan Fest de Porto Alegre, ubicado a 2 km del estadio y con capacidad para 20.000 personas.
Con el objetivo de descomprimir el número de gente en la calle, la organización decidió abrirlo antes esta mañana e instaló además una segunda pantalla gigante del lado de afuera.
La seguridad en los estadios del Mundial cobró especial importancia tras lo ocurrido la semana pasada en el partido Chile-España en el Maracaná, donde más de 80 chilenos fueron detenidos luego de haber irrumpido por la fuerza a través de la entrada para la prensa.