EFE/AFP
La clase política iraquí está dividida sobre las causas del avance de los insurgentes en las provincias de mayoría suní y sobre la mejor solución para recuperar las zonas que perdieron las fuerzas gubernamentales.
“El EIIL representa la principal fuerza motora” de la operación, afirma un oficial de la oficina del primer ministro Nuri Al Maliki que pidió mantener el anonimato. Esta organización surgida de Al Qaeda se coordina con una nebulosa de grupos árabes sunitas, como el ejército de la orden de los Naqshabandis y el ejército de Mohamed, “aunque su papel sea limitado en esta operación y existan divergencias” entre ellos, explica el oficial.
Todos estos grupos “reciben un apoyo logístico de efectivos del partido Baas”, que estaba en el poder en tiempos de Saddam Hussein, explica. Entre los insurgentes también figura el “Ejército de los Muyadines“, formado por exoficiales del ejército de Saddam.
“Y aunque estos grupos no comparten la misma ideología que el EIIL, actualmente lo apoyan, partiendo del principio de que ‘el enemigo de mi enemigo es mi amigo’”, añadió.
Según el experto militar Anwar Mahmud Jalaf al Juburi, otros dos grupos salafistas, Ansar al Suna, y el Ejército Islámico (exoficiales de Saddam Hussein), participan en la ofensiva.
Toby Dodge, director del centro de Oriente Medio en la London School of Economics, indicó que las diferencias ideológicas entre los insurgentes podrían facilitar la tarea al gobierno. “Si se repite la historia, el EIIL, con su ambición de crear un califato transnacional, su radicalismo, su enfoque absurdo del islam (…) romperá esta coalición”, estima.
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Mientras la alianza gobernante, Estado de Derecho, considera que Irak es víctima de una ofensiva terrorista, el resto de los bloques opina que los éxitos de los insurgentes se deben a la desatención del Gobierno a las demandas de las provincias suníes.
El Ejecutivo defiende la medida militar como única solución para zanjar la crisis, frente a los otros grupos que piden el uso de la fuerza solo contra los yihadistas del Estado Islámico de Irak y del Levante (EIIL), que lidera a los insurgentes, y recurrir al diálogo con el resto de las facciones.
El primer ministro, el chií Nuri al Maliki, ha instado por ello a los clanes tribales a que se desmarquen del terrorismo y se ha mostrado escandalizado porque haya grupos tribales que aceptan los asesinatos y el sabotaje de las infraestructuras.
El dirigente de Estado de Derecho, Abás al Bayati, manifestó que su país es blanco de un “ataque perpetrado por el EIIL y otros grupos terroristas para derribar la transición política y establecer un emirato en Siria e Irak”.
Después de la invasión de Irak por Estados Unidos en 2003, los ocupantes, en coordinación con la clase política iraquí opositora al fallecido dictador Saddam Hussein, establecieron un proceso de transición política en el país del que se sienten excluidos muchos suníes.
Sobre esas reivindicaciones de un mayor peso político, Al Bayati consideró que “los que levantan las armas contra el Estado no tienen demandas legítimas”. “Nosotros escuchamos a los que tienen demandas pacíficas y constitucionales y no a los grupos armados que pretenden derrocar el régimen“, añadió.
El 9 de junio, los insurgentes suníes se hicieron con el control de Mosul, capital de la provincia norteña de Nínive, antes de extender en los siguientes días su ofensiva hacia las provincias de Saladino, Kirkuk y Diyala.
El éxito de esta ofensiva se debe también a “las políticas individualistas y poco meditadas” de Al Maliki, según el político Husein Gailán, miembro de la Corriente Al Sadr, dirigida por el poderoso clérigo chií Muqtada al Sadr y la segunda fuerza más votada en las legislativas de abril. A su juicio, partes regionales instrumentalizaron el fracaso del Gobierno en cumplir las demandas legítimas de la población en las provincias de mayoría suní.
Los suníes piden, entre otros, la liberación de sus detenidos políticos y la derogación de la ley antiterrorista, que consideran es utilizada contra ellos.
Gailán defendió en declaraciones a EFE una “solución política racional y eficaz” para las reivindicaciones de esas regiones, aunque apuntó que la lucha contra el terrorismo del EIIL es “una cuestión sagrada”.
En la misma línea, Balig abu Kalal, portavoz del bloque Al Muaten (Ciudadano), liderado por el clérigo chií Amar al Hakim y tercero en las parlamentarias, se inclina por hallar una solución que sea “política y militar al mismo tiempo”.
Abu Kalal explicó a Efe que es necesario por un lado dialogar con las partes que no están implicadas en actos de terrorismo y responder a sus reivindicaciones legítimas, y por otro seguir la vía de seguridad para acabar con el EIIL.
La diputada en el Parlamento saliente Suhad bas, miembro de la coalición laica Al Iraqiya, manifestó que “una medida militar no puede tener éxito sin una solución política que satisfaga a todas las partes involucradas, que no están implicadas en el derramamiento de sangre”. En su opinión, la situación en Nínive se debe a “una conspiración de partes regionales” y a las repercusiones de la “negligencia” del Gobierno a las demandas de las provincias de mayoría suní.
Por el momento, ante la ausencia de cualquiera solución política, el Ejército iraquí se prepara para lanzar una operación de guerrillas para recuperar la provincia de Nínive, apoyado por un gran número de voluntarios que responden a un llamamiento del máximo clérigo chií iraquí, ayatolá Ali al Sistani.
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