Lucydalia Baca Castellón
En El Rosario, Carazo, hay un jardín donde ninguna planta es podada “sin antes pedirle permiso”. Además las actividades del vivero se realizan “bajo la influencia de los movimientos de la Luna. Todo se trabaja de manera orgánica”. Se trata de Nambume (que en chorotega significa corazón), un negocio familiar que nació hace seis meses y que hoy deja a sus fundadores ingresos mensuales superiores a los 15,000 córdobas, y garantiza el empleo a tres personas (uno fijo y dos temporales).
Fue el amor a la tierra que heredó de sus ancestros, los chorotegas, lo que llevó a Ramón Potosme de regreso a El Rosario, tras haberse dedicado al periodismo.
También puede comunicarse a través de los teléfonos 8574-8124 y 8810-8181 o del correo electrónico:[email protected] [/doap_box]
Ahí, en su tierra, Ramón, su hermana Sandra y su pareja Rotsen López, se aventuraron a invertir tres mil dólares en la instalación del vivero Nambume, donde cultivan y comercializan una gran variedad de plantas con flores, ornamentales, medicinales y aromáticas, que se venden listas para ser trasplantadas en jardines o macetas, o para uso medicinal y alimenticio.
En tan solo seis meses de funcionamiento, la oferta del Nambume se ha multiplicado. La decena de especies que ofrecía inicialmente ahora supera la centena de variedades y colores de plantas con flores, entre las que resaltan juanitas o primorosas, jalacates, verbenas, petunias, claveles, clavellinas, crisantemos, verdolagas, exoras, lirios, rosas, coronas de cristo, malvarrosas y avispas.
También se puede escoger entre una diversidad de plantas ornamentales, medicinales y aromáticas (se usan para condimentar los alimentos). Entre ellas destacan diversas variedades de crotos, romero, orégano, albahaca, ruda, tomillo, yerbabuena, salvia y otras.
En la media manzana de terreno dedicada al negocio se distribuyen los viveros para especies, que deben ser cultivadas bajo techo para estimular su crecimiento y floración. También hay almácigos, semilleros, áreas de crecimiento para plantas madre, otras para reproducción de semilla, las de trasplante y para realizar procesos de hibridación.
La mayoría utiliza como sombra la vegetación que proporcionan los árboles de mango, aguacate y otras frutas y los chagüites, que pueblan el terreno. Las zonas que lo requieren cuentan con un sistema de riego por goteo, en el resto se hace con manguera.
La clientela también ha crecido, ya no se limita a las familias que quieren adornar sus jardines y que se acercaban en busca de las plantas al vivero o a la feria de la economía familiar en Managua, donde ofreció sus productos en diciembre del año pasado. Ahora además de vender en el vivero y en diversas ferias que se realizan en la capital, dueños de otros viveros y distribuidores ambulantes de plantas de Catarina y Jinotepe, conocidos como canasteros, se han convertido en sus compradores mayoristas.
Eso ha estimulado el crecimiento de la producción. Actualmente producen cada mes un mínimo de tres mil plantas, cuyos precios, dependiendo del tamaño y variedad, van desde los diez hasta los 200 córdobas por unidad. Ramón asegura que el Nambume es un vivero especial, porque respeta a la naturaleza.
Además de seguir creciendo en producción y de seguir ampliando la oferta de especies y variedades, la empresa planea aprovechar el auge de las urbanizaciones, donde en las próximas semanas comenzará a ofrecer sus productos y en unos tres meses el servicio de elaboración e instalación de jardines en los diversos proyectos urbanísticos de la capital.
Ramón confía en que el negocio generará los recursos necesarios para financiar en los próximos años la instalación de una radio comunitaria, desde donde promoverá la cultura de los ancestros chorotegas, para que los descendientes de este grupo étnico no olviden sus orígenes y valores.
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