Tony Gwynn debe haber comprendido que la perfección no existe, pero hizo de su búsqueda una divertida aventura, mientras subía a niveles distantes para los demás.
El artillero, que empujó la conexión de bateo y tecnología con la misma agresividad y sutileza con que movía su madero sobre el plato, murió ayer, víctima de un cáncer.
Gwynn tenía 54 años y era para muchos expertos, el mejor bateador puro (habilidad para conectar la bola no necesariamente con poder) del último siglo en el beisbol.
Se retiró en el 2001, tras veinte años con los Padres, tras haber ganado ocho títulos de bateo y resumir .338 de promedio vitalicio. Fue a 15 Juegos de Estrellas.
Sin embargo, quienes lo conocieron, afirman que su brillantez en el campo, era superada incluso por su estupenda personalidad y sus valores como ser humano.
- .338
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Gwynn deleitaba con su eficiencia al bate, retocada por su trabajo constante y los aportes que obtenía de la tecnología, aunque en su época no era tan avanzada como ahora.
Fue de los primeros en recurrir a vídeos para descubrir errores en su mecánica y trabajar en corregirlos. Igual, los usó con fines sicológicos para motivarse ante pícheres que tenían algún éxito contra él.
No muchos se dieron ese lujo. Al menos no, tiradores de calibre como Greg Maddux (le bateó para .417 sin ponches en 94 turnos) o John Smoltz, a quien le dio para .444.
Pedro Martínez, uno de los ponchadores más feroces de los últimos tiempos, jamás pudo cruzarle el tercer strike a Gwynn, a pesar que se enfrentaron 35 veces.
Nacido en Los Ángeles, California, en 1960, Gwynn fue seleccionado por los Padres en el sorteo del beisbol amateur de Estados Unidos en 1981.
Un año después, estaba en las Mayores y tras cerrar ese 1982 con .289, eslabonó una cadena de veinte temporadas con promedios sobre .300, hasta su retiro en el 2001.
Atrapó ocho títulos de bateo, incluyendo el que consiguió en 1994, cuando acumuló .394, con un ritmo que parecía llevarlo a los .400, cuando se vino la huelga.
En 13 de 14 campañas entre 1984 y 1997, terminó entre los primeros cinco bateadores de la Liga Nacional, en un alarde de eficiencia.
Pero como ocurre con todos, no pudo salir exitoso frente a la muerte. Él también abanicó el tercero.
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