TEGUCIGALPA/AFP/EFE
Las autoridades de Estados Unidos y Honduras tienen problemas para identificar a niños de dos y tres años entre los miles de migrantes que llegaron a territorio norteamericano en una oleada sin precedentes por la violencia en Centroamérica, según fuentes oficiales.
La ley prohíbe al Departamento de Seguridad Nacional deportar a niños inmigrantes tras su llegada al país en caso de que su nación de origen no comparta frontera con EE. UU.
Philip E. Wolgin, analista de políticas de inmigración del Center for American Progress, señaló que algunos de estos niños pueden cumplir los requisitos para recibir una visa de inmigrante especial o de asilo, si se demuestra que son víctimas de violencia, abuso o tráfico humano, pero según la organización Niños en Necesidad de Defensa (KIND), el 60 por ciento acabará con una orden de deportación.
[/doap_box]
“Incluso vienen niños de dos y tres años, que ni siquiera pueden decir su nombre. ¿Cómo vamos a investigar quién es su papá, quién es su mamá? ¿Con quién lo vamos a reunificar?”, deploró Ana Bulnes, cónsul de Honduras en McAllen (Texas), en declaraciones a la estación local HRN.
Los jóvenes que entran a EE. UU., —en promedio de 60 a 70 cada día— y que cruzan ilegalmente la frontera a través de México alegan que huyen de la violencia de la que son víctimas por pandillas o que tratan de unirse a sus padres en EE. UU.
Bulnes relató que los niños ingresan con un pariente o un amigo, pero se separan de ellos al entrar a Estados Unidos, donde son detenidos por las autoridades migratorias. Sin embargo, no pueden estar más de ocho horas en esos albergues, que son instalaciones para adultos.
Los centros de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) han rebasado su capacidad y buscan lugares que cubran las necesidades de los menores centroamericanos que, según imágenes filtradas, en algunos casos están recluidos en celdas repletas, recostados en el suelo, sin camas y sin los requisitos mínimos de espacio e higiene.
47,000 niños han cruzado solos la frontera —principalmente por el valle del Río Grande—, la mayoría procedentes de Guatemala, El Salvador y Honduras.
Ver en la versión impresa las páginas: 9 A