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Un dulce y ácido delirio

Quien se limite a hojear los libros clásicos de los cronistas de Indias, escritos más o menos sobre el terreno e “in illo tempore”, difícilmente se harán una idea cabal de los animales y vegetales que se encontraron a su llegada al Nuevo Mundo.

Quien se limite a hojear los libros clásicos de los cronistas de Indias, escritos más o menos sobre el terreno e “in illo tempore”, difícilmente se harán una idea cabal de los animales y vegetales que se encontraron a su llegada al Nuevo Mundo.

En efecto, los cronistas de Indias, al llegar a estas descripciones, se ven obligados a relacionar los animales y plantas americanos con los existentes en la Europa del XVI, apelando al socorrido “es algo que se parece a…”.

Una de las más deliciosas frutas que españoles y portugueses, parece ser que más estos que aquellos, encontraron en el continente americano tenía un aspecto externo que podía recordar al fruto del pino. La piña. Una piña, eso sí, cerrada y sin piñones.

NOMBRE E HISTORIA

A los españoles les valió: la llamaron piña. Fue llamada, para distinguirla de la otra, “piña americana” y “piña tropical”. Hoy nadie le llama así: es piña, y de la que nadie se acuerda es de la otra, que ya apenas se usa más que como motivo decorativo: nadie enciende ya el hogar con piñas de pino.

A los ingleses también les valió: su “pineapple” se quedó para siempre. Manzana-piña. Es curioso: los franceses, que llamaron manzana a casi todo lo que vino del Nuevo Mundo (la papa, pomme de terre, el tomate, pomme damour) adoptaron el nombre, digamos, original: ananás. Los franceses, los alemanes, los holandeses, los italianos, aunque estos últimos le cambiaron la acentuación e hicieron la palabra esdrújula: suena “ánanas”.

Gracias a la industria, la piña se expandió por el mundo. En rodajas, bañadas en almíbar y enlatadas. Tiempos en los que, fuera de las zonas de producción, era prácticamente imposible agenciarse piñas en su perfecto estado de consumo, y los transportes transatlánticos eran demasiado lentos.

COMO POSTRE

Corten el ananás (piña) en dados, todos del mismo tamaño. Reserven los recortes, y pásenlos por la licuadora. Pongan los dados de fruta en una cazuela, con una vaina de vainilla y chorrito de un buen y aromático ron moreno. Dejen que se evapore el alcohol. Si son muy golosos, añadan una cucharadita de azúcar. Dejen que el conjunto cueza no más de cinco minutos. Se puede comer tibio, con un poco de helado.

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