Gloria Picón Duarte
En el 2008, organismos de observación electoral y partidos políticos documentaron fraude electoral en 40 alcaldías.
En 2011 las elecciones fueron tan poco transparentes que organismos internacionales dijeron que era imposible determinar cuántos votos había recibido cada partido.
En 2012 y 2014 continuaron las irregularidades.
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Zelaya afirma que debido al prestigio que el CSE logró alcanzar con las elecciones de 1990 la comunidad internacional dio mucho apoyo y se logró establecer la infraestructura técnica y administrativa valiosa en el sistema electoral.
“Era un órgano electoral maduro, confiable, que contaba con el apoyo de la comunidad internacional y nacional”, aseguró.
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Pese a que desde 1996 se venían politizando las estructuras intermedias del Consejo Supremo Electoral (CSE), hasta el año 2000 todavía había voluntad política en el poder electoral para hacer elecciones respetadas.
Sin embargo, a partir de enero del 2000, con el pacto Alemán-Ortega esa voluntad fue minada por completo y el poder electoral ha involucionado, a punto de que hasta hoy no se conocen los resultados de 8% de los votos de la elección del 2006, señala Rosa Marina Zelaya, expresidenta del poder electoral.
Zelaya indica que antes del año 2000 la politización de los mandos intermedios fue contrarrestada con la voluntad de los magistrados de hacer bien las cosas y hacer cumplir el voto popular, pero además había observadores electorales nacionales e internacionales, así como la fiscalización suficiente de los partidos políticos.
“A partir de enero del 2000 se dio la bipartidarización (del CSE) y empieza el deterioro galopante que nos ha llevado a la situación en que estamos. En ese momento se perdió la brújula del profesionalismo y empiezan a frenar la observación nacional e internacional y a limitar la fiscalización de los partidos políticos, eso ha creado una gran crisis e involución”, señala Zelaya.
La expresidenta del poder electoral agrega que se ha perdido el “corazón de la democracia” que es la elección y estamos ante un círculo vicioso de un sistema electoral involutivo que ha llevado a Nicaragua a un deterioro de la credibilidad de los procesos electorales, no solamente a nivel de los electores y partido políticos, sino a nivel de la comunidad internacional.
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