Con su condición ya no es un demoledor como se hacía llamar. Aunque ha dejado de estar dentro de una burbuja de alcohol desde hace tres meses y se congrega en una iglesia evangélica, la simiente que no versifica con el deporte menguó sus facultades, que evaporaron al hombre campeón del mundo en dos diferentes categorías. Luis Pérez regresará al ring y pretende extender su vida boxística, ya más viejo, más lento, pero con el mismo orgullo.
Pérez (27-5-0) puede decir que pertenece a la esfera de los buenos boxeadores, con dos coronas mundiales: ha tenido grandes vicios, ha sufrido por amor y la conciencia le inquieta, porque en sus manos cargó la responsabilidad de haber tenido una mejor y extensa carrera.
“Uno tiene que poner un alto y dije ¿qué está pasando con el alcohol? Pero, son experiencias que uno toma y se arrepiente”, indicó el boxeador, ocultando sus ojos de los flashes y reporteros con lentes oscuros que opacaban su rostro.
Luis se medirá ante Byron “Pistolita” Uriarte (8-2-1) el 16 de junio, con dos años de bostezo y desvío del boxeo, el sueño que persigue: el de conseguir su tercera corona, se ve tan distante como el demoledor que fue en un tiempo.
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