Lucía Navas
Los cincuenta años de fundación del Incae Business School más que la celebración de los logros académicos alcanzado en este tiempo, sirven de plataforma para abrir una discusión entre el sector empresarial y los gobiernos de Centroamérica acerca de la necesidad de mejorar los sistemas educativos e impulsar reformas urgentes encaminadas a formar profesionales que demandan las economías actuales.
Para Arturo Condo, rector del Incae Business School desde 2007, el significado de las cinco décadas en el aporte a la formación de los líderes de negocios en América Latina les exige tener un papel de más incidencia en las estrategias educativas.
Entre los grandes aportes a Latinoamérica en estas cinco décadas del Incae son los siete mil graduados de los programas de maestrías y otros más de siete mil graduados de los programas ejecutivos, sobre todo del programa de Alta Gerencia.
“Cumplir cincuenta años siempre es un hito agradable y meritorio, pero es particularmente meritorio cuando una institución como Incae nace sin recursos económicos”, dice Condo, quien recuerda que esta institución se creó con “el apoyo de muchísimos nicaragüenses que, por ejemplo, donaron la tierra donde está su campus (en Managua), pero la construcción del campus se termina de financiar con un préstamo que terminamos de pagar en los años noventa. Es una institución que nace con recursos muy limitados, en una zona muy convulsa”.
El alto cargo del Incae recuerda, por ejemplo, los embates que sufrió esta institución con el terremoto de 1972. “Tuvimos guerra civil en Nicaragua, guerra civil en El Salvador, convulsión en Honduras y Guatemala… Entonces sobrevivir o vivir cincuenta años en ese contexto es doblemente meritorio y más que hoy Incae es la mejor escuela de negocios de América Latina y una de las mejores cien del mundo”, afirma visiblemente convencido.
¿Cuáles son los planes del Incae para ayudar a mejorar la educación en América Latina?
Estos cincuenta años no han sido estáticos, siempre ha habido mucha innovación. No nos parecemos a una escuela de negocios de Estados Unidos y en Europa porque los temas latinoamericanos son otros, y hemos sido constantemente innovadores y lo estamos siendo todavía. Los retos son grandes. Un reto de costo, de masificación. Tenemos siete mil graduados pero si uno se pregunta si con esos siete mil líderes se podrá cambiar Latinoamérica, definitivamente no. Hablamos de 600 millones de personas en América Latina y en Centroamérica hablamos de una región de más de 40 millones de personas. Entonces hay un tema de masificación, de tecnologías virtuales que hoy son importantes y cómo las vamos a explotar, tenemos que aprender a hacerlo. No es necesariamente haciendo lo que hacemos físicamente, (sino) hacerlo virtual, para en vez de llegar a siete mil llegar a setenta mil (personas).
¿Cómo llegar?
Estamos pensando en diferentes cosas. Ya tenemos, por ejemplo, tecnología virtual que nos ha permitido llegar a miles de personas a la vez, que antes hubiera sido en término de costos imposible. Desde hace diez años tenemos el programa Ecobanking que lo que busca es dar entrenamiento a bancos sobre las condiciones de sostenibilidad que deberían ver en sus clientes. Si va a dar un crédito agrícola sostenibilidad ambiental es clave porque si no mido bien mis factores ambientales puedo quebrar (el productor), el banco debe saber eso. Ese entrenamiento se ha hecho más que nada virtual y tenemos como veinte mil personas de Latinoamérica. Es el tipo de impacto difícil tener, si todos tuvieran que venir al campus sería mucho más caro. Es un ejemplo de las cosas que yo esperaría ver más en el futuro.
El sector privado en Nicaragua le reclama al Gobierno un cambio del sistema educativo para que el profesional sea el que se requiere. ¿Cuál podría ser el aporte del Incae en una nueva estrategia educativa?
Estamos en proceso de revisión de nuestras propias maestrías. Empezará un nuevo programa de MB, totalmente revisado, creo que serán unas 93 personas. (..) Pero lo que menciona es interesante porque lo que estamos concluyendo en el mundo es que necesitamos habilidades en ciencias y matemáticas, todo es cierto. Pero cuando usted le pregunta a los empresarios ¿qué es lo que necesita de su gente? Típicamente (la respuesta) es que necesita una base profesional, que si contrato un ingeniero sepa de ingeniería, pero más importante es que sepa aprender, que trabaje en equipo, hoy en día que sea multicultural porque ya los empresarios nicaragüenses no solo trabajan en Nicaragua, hacen negocios en Costa Rica, en Colombia… Hoy en día hacer negocios no es estar en Managua o en San José o en México, hoy hacer negocios es poder venderle a todo el mundo, es poder traer turistas de todos los rincones del planeta y hacer eso significa como desde hablar inglés hasta entender cómo piensa mi consumidor de ron, de hotel, de lo que sea que le quiero vender desde Nicaragua, desde Centroamérica. Esos elementos siempre estuvieron en Incae.
Le insisto ¿cómo pueden ayudar a reformar la estrategia educativa del país?
Nos toca en Nicaragua y en toda América Latina, nos toca jugar un rol en el que podamos compartir lo que hemos aprendido, aprender también nosotros, y comenzar con nuevas herramientas que antes no existían, en parte por las tecnologías que hay ahora. Estamos trabajando en la agenda regional el tema de la seguridad con la preocupación de los famosos Ninis, los muchachos que ni estudian ni trabajan. Ya salieron del colegio, no terminaron la secundaria, pero no tienen trabajo. El desempleo juvenil en Centroamérica es más del doble del desempleo de toda la población. Sino hacemos algo con ellos nos pasará lo del Triángulo del Norte (Honduras, Guatemala y El Salvador), que terminan en maras, en drogas, porque no tienen alternativas. Cuando el sector privado pide un cambio en el sistema educativo ya nos les toca a los Ninis, porque ya tienen 15 años, ya salieron del colegio y no van a volver. Está perfecto cambiar el sistema educativo, pero ¿qué vamos a hacer con esos muchachos? En este momento trabajamos con la AID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) un proyecto de cómo usar tecnologías digitales, en particular celulares, para comenzar a entrenar a esta gente. Les voy a decir un modelo de lo que hablo: un empresario innovador guatemalteco, Luis Bonan, vive en Estados Unidos, ha inventado empresas interesantes y la última es sin fines de lucro, es un producto para celulares inteligentes que se llama Duolingo, sirve para aprender idiomas y se aprende en el teléfono. Requiere de un smartphone. Estamos planteando con la AID dos cosas; necesitamos oferta para smartphone. Así como puedo aprender inglés, portugués y otros idiomas que me pueden ayudar a ser guía turístico, a trabajar en un call center o a diferentes cosas que ya son un mejor nivel de ingresos, así como logro eso con Duolingo, puedo lograr con otras herramientas aprender contabilidad, de mecánica, de cosas que van haciendo a ese joven que ya no volvió al colegio, un actor económico más productivo para él y para su sociedad.
¿Cómo captarán a esos jóvenes?
Esa es la segunda parte. Hoy se habla de la laptop de cien dólares, eso ya pasó a la historia, lo que necesitamos es el smartphone de cinco dólares. Cuando tenga un smartphone de cinco dólares que cualquiera pueda tener entonces Duolingo y todas esas aplicaciones estarán en la palma de la mano de todos los chicos pobres. Cómo hacemos en primer lugar empujar la innovación hacia ese smartphone de cinco dólares y vamos a necesitar ser creativos para darles acceso a internet a ese smartphone. Vamos a poder llevar la escuela a los chicos que ya se fueron de la escuela. Ese es un proyecto que hay que pensar hacia el futuro, estamos metidos en el Incae. (…) Creo que empataría muy bien con iniciativas privadas, porque si logro crear el teléfono inteligente de cinco dólares, por cada laptop de antes puedo tener veinte celulares ahora y puedo multiplicar el impacto con los jóvenes.