Génesis Hernández Núñez
El consumo de tabaco es la principal causa de muerte que puede evitarse, dice la Organización Mundial de la Salud (OMS). Seis millones de personas mueren por causas relacionadas al tabaquismo, de las cuales 600 mil son fumadores pasivos.
Silva afirma que “si las autoridades en todos los niveles no ponen esfuerzos y no crean mecanismos para sancionar a quienes incumplen estas prohibiciones, siempre va a ocurrir que las personas fumen en lugares donde está prohibido”.
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Mario Núñez fumó tabaco durante 25 años de su vida. Empezó a los 14 años y lo dejó hace nueve porque “me agarraba cansancio, fui donde el médico y me detectaron humo en los pulmones, por eso dejé de fumar para no perjudicar más mi salud. Además, un hermano mío fumaba también y el cigarro se lo llevó, eso también me hizo dejarlo”.
El problema de salud de don Mario es uno de los tantos causado por el consumo de tabaco.
“La gente asocia el cigarro con el cáncer, pero produce desde problemas de gastritis, bronquitis crónica y enfisema que es la destrucción del pulmón”, explica la doctora Luzcenelia Urtecho Pérez, presidenta de la Asociación Nicaragüense de Neumología.
Además produce un engrosamiento de las arterias, que impide que se produzcan las sustancias que deben producirse. A partir de ahí vienen los dolores, la insuficiencia arterial y eso hace que aumente la grasa, el colesterol, los triglicéridos, y luego viene el infarto y eso no lo sabe la gente”, dice la doctora.
A pesar de que Nicaragua cuenta con la Ley 727, “Ley para el Control del Tabaco”, la doctora Urtecho cree que dicha ley “no se cumple en su totalidad, ya no se le vende a menores de 18 años y es un avance, pero hace falta que se cumpla a cabalidad”.
La OMS estima que si los impuestos sobre el tabaco se incrementaran un 50 por ciento, se reduciría en tres años el número de fumadores en 49 millones y se le salvaría la vida a 11 millones de personas.
Hoy se celebra el Día Mundial contra el Tabaco y la OMS reveló que de esos 49 millones, 38 millones serían adultos que abandonarían el hábito de fumar, mientras que 11 millones restantes serían jóvenes que no se convertirían en nuevos fumadores.
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