DONETSK, Ucrania/AP
Los harapientos rebeldes que solían merodear por el cuartel de la separatista República Popular de Donetsk no estaban a la vista ayer, y en su lugar apareció una facción con apariencia disciplinada y que contaba con un vehículo blindado y un cañón antiaéreo.
Alexander Borodai, el autoproclamado primer ministro de la República Popular de Donetsk, insistía que nada había cambiado, pero era evidente que la realidad no era la misma en la atribulada región oriental de Ucrania.
Un líder insurgente en Donetsk, confirmó el jueves que los miembros del primer grupo estaban bajo su custodia. Los rebeldes dijeron a los periodistas que iban a “resolver esto y luego ponerlos en libertad“, pero no dieron un plazo específico ni más detalles.
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El balance de poder en esta región ha columpiado esta semana. Luego que Ucrania eligió a Petro Poroshenko como su próximo presidente y que Rusia dijera que respetará los resultados, surgieron esperanzas de una posible solución a la disputa entre el gobierno ucraniano y los separatistas que desean que la región de Donetsk sea parte de Rusia.
Al día siguiente, los rebeldes lanzaron un ataque en que tomaron control del aeropuerto de Donetsk. Las fuerzas ucranianas respondieron intensamente, bombardeando la zona y despachando paracaidistas para retomar la instalación.
Para algunos, la ofensiva de los rebeldes no era más que el último estertor de una banda de desesperados. Pero el jueves, los insurgentes derribaron un helicóptero militar ucraniano, matando a 12 elementos castrenses, entre ellos un general.
¿APOYO RUSO?
El mismo día, un grupo desconocido llamado el Batallón Vostok, tomó el cuartel de los rebeldes en el edificio administrativo de Donetsk, exigiendo su evacuación porque, según dijo, había allí saqueadores. La ofensiva supuestamente fue motivada por el saqueo de un supermercado en la batalla por el aeropuerto, pero otros la interpretaron como un alzamiento para conquistar el poder.
Se estima que el batallón está formado principalmente por rusos, lo que ha alimentado los temores de que Rusia está organizando el conflicto en el este, o al menos dándole apoyo tácito, a fin de fomentar la inestabilidad y apoderarse de las regiones fronterizas. Los insurgentes insistieron en que la toma del edificio no era reflejo de que estaban cambiando de mando.
Poroshenko ha prometido que la campaña contra los rebeldes, a los que ha comparado con piratas somalíes, durará apenas unas “horas“, no meses. El ministro interino de Defensa, Mijailo Koval, dijo ayer que el gobierno traerá “paz y orden” a la región y que no detendrá su operación antiterrorista “hasta que se restablezca la autoridad ucraniana allí”.
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