Rubinstein en Chopin

En este 2014 se conmemora el trigésimo segundo aniversario del fallecimiento en Ginebra de Arturo Rubinstein (1887-1982). Desde su ilustrado origen —casta hecha para las cuerdas punteadas— estuvo identificado con los personajes que enaltecieron al piano, desde las versiones primitivas hasta el afán de la consagración académica colindante con el milagroso efecto de ser lo más parecido al eco orquestal.

JOAQUÍN ABSALÓN PASTORA

En este 2014 se conmemora el trigésimo segundo aniversario del fallecimiento en Ginebra de Arturo Rubinstein (1887-1982). Desde su ilustrado origen —casta hecha para las cuerdas punteadas— estuvo identificado con los personajes que enaltecieron al piano, desde las versiones primitivas hasta el afán de la consagración académica colindante con el milagroso efecto de ser lo más parecido al eco orquestal.

Elevaron la estatura de Rubinstein, selectivas virtudes (mucho más ejecutante que compositor): el virtuosismo, la múltiple compilación de obras pasadas por la filigrana de sus dedos, tocadas con prominencia crítica, y para terminar de poner el oro en los picos de la corona, la sensibilidad, la devoción, el mohín espontáneo de dejar al piano humedecido por las gotas que le inspiraron las tristezas y las alegrías del autor no solo interpretado. Idealizado.

Identificado con su vida, con el equilibrio existencial. En ese sentido tuvo especial predilección por Federico Chopin, a pesar de haber tenido airosa antecedencia familiar en las competencias de la creación y de la ejecución. Se pronunció por el romántico polaco, hasta el linde sobresaliente de ganar el título de ser “el mejor intérprete de Chopin en el siglo XX” sin que a los albores del presente se asome a la ventana la posibilidad del relevo. No solo saber interpretarlo, sino convivir con el símbolo auténtico de su destino.

Chopin patriota, ligado a las congojas del exilio en París y desde ahí el continuo expositor de la pluralidad, rítmica, melódica, armónica: mazurcas, baladas, polonesas, dedicadas a los mártires compatriotas, víctimas de la opresión rusa, nocturnos —suspiros musicales en la soledad— fantasías, scherzos.

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