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Lucía Navas
Dos estudios que de forma separada analizan el mercado laboral en Nicaragua revelan dos importantes características. La primera es que la educación sí paga porque mientras más años de preparación académica cuenta una persona ve incrementados sus ingresos económicos. Sin embargo, existe una gran desigualdad salarial entre las mujeres y los hombres, aún cuando ocupen los mismos cargos, pese a que la mayoría de las mujeres están sobrecalificadas para el trabajo que realizan.
El estudio Competencias que demandan las empresas y los retornos de la educación en Nicaragua, concluye que “invertir en educación tiene sentido para las personas”, porque en promedio, se puede obtener un 7.1 por ciento más de ingresos económicos por cada año adicional de preparación académica que tenga la persona.
Aunque si se es hombre, sus ingresos aumentan un 7.8 por ciento, mientras en la mujer un 6.1 por ciento, según el estudio elaborado por la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), que es presentado hoy a empresarios, organismos de la sociedad civil y Gobierno.
Hauke Maas, economista principal en temas institucionales y sociales de Funides,
señala que el problema está en que desde el punto de vista de las empresas, la fuerza laboral tiene grandes debilidades, lo cual obliga a invertir en el personal para que puedan desempeñar la labor para la cual se les contrata.
La base de este estudio son la Encuesta Continua de Hogares (ECH) (los tres primeros trimestres de 2012 que están disponibles), y la encuesta realizada por Funides y la Asociación de Ejecutivos de Recursos Humanos de Nicaragua (Aerhnic), a 93 gerentes de personal de igual número de compañías.
“Los mayores niveles educativos no solo dan mayores ingresos por sí, sino que hacen que la experiencia incida más en esos ingresos”, destaca Maas.
Por cada año de primaria o de educación técnica que se tenga, la persona ve un incremento del 4.4 por ciento más de ingresos, por cada año de secundaria es un 6.9 por ciento. En el caso de una persona con una carrera universitaria, ve aumentados sus ingresos un 10.7 por ciento por cada año de universidad. Las especializaciones como maestrías, permiten obtener un 25 por ciento más de ingresos salariales por cada año, según Funides.
Entonces, ¿cuántos años de educación requiere una persona para salir de la pobreza? “El resultado es que en promedio se tiene que tener al menos ocho años de educación para obtener los ingresos salariales para cruzar la línea de pobreza con un año de experiencia laboral”, afirma Maas.
GRANDES DEBILIDADES
Pero el sistema de enseñanza de Nicaragua arrastra graves debilidades, porque el resultado de la encuesta a los gerentes de recursos humanos de las empresas reveló que poco más del cincuenta por ciento identifica que el principal problema al contratar a jóvenes de 24 años o menos, es que carecen de las competencias requeridas para el cargo.
La inconformidad se eleva al noventa por ciento entre las empresas dedicadas a la producción, en tanto es del sesenta por ciento para aquellas vinculadas a las ventas. “Hay un gran reto en el país y es que ha aumentado la dificultad para encontrar la persona adecuada con los niveles educativos y por tanto con la calificación para el trabajo que se ofrece”, dijo Maas.
LAS BRECHAS POR GÉNERO
Pero también dentro de las empresas hay un serio problema y es que pese a que las mujeres están sobrecalificadas para los cargos que ocupan, “sus salarios son hasta cuarenta por ciento más bajos que el de los hombres”, según el estudio Inserción laboral, brechas salariales y segmentación en el mercado de trabajo de Nicaragua: Un enfoque de género.
Eduardo Camilo Pacheco, de la oficina de investigación sobre Desarrollo Humano del Programa de las Nacionales Unidades para el Desarrollo (PNUD) de Nicaragua, (a cargo del estudio), concluye que la brecha salarial responde “a una alta discriminación hacia la mujer”, pese que estas aumentaron su participación en el mercado laboral.
Se indica que el 26 por ciento de las mujeres ocupadas están sobrecalificadas para el cargo que desempeñan, mientras que los hombres son el veinte por ciento.
“Y es más preocupante que se ha incrementado la brecha en el sector rural y (…) llama la atención que a medida que aumenta el tamaño de la empresa el hombre tiende a ganar mayores salarios”, afirma Pacheco.
La fuente de información del estudio del PNUD fue la Encuesta Continua de Hogares, del segundo trimestre de 2009 al tercer trimestre del 2012, y la muestra fue de personas mayores a 25 años.
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