[imported_image_600x400_1401319056_USO DE LA SEMILLA]
Lucydalia Baca Castellón
[/doap_box][doap_box title=»Producir semilla es rentable» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
El dirigente de Fecodesa estima que como el campesino no sabe hacer otra cosa que no sea producir, y siembra, aunque el precio del producto esté por debajo de los costos de producción porque tiene que comer, la producción de semilla se ha convertido en una opción que también facilita el intercambio de semilla por grano comercial o por otros productos que necesita para su alimentación.
“El mecanismo no significa que el productor se vaya a hacer rico, pero le garantiza seguridad alimentaria y le permite continuar produciendo para alimentar a la población”, afirma Pasquier.
[/doap_box][doap_box title=»Más rendimiento» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
[/doap_box]
No se confunda. El grano comercial no debe ser considerado como semilla criolla. Esta es una recomendación que hacen especialistas a productores, quienes explican que para que el grano sea usado como semilla, antes debe ser mejorado, de lo contrario se continuarán obteniendo bajos rendimientos en los cultivos.
Tal es la importancia de mejorar el grano, que según representantes vinculados con el sector, si se usa semilla criolla, la productividad se elevaría entre el 30 y el 100 por ciento en el campo. Según el IV Censo Nacional Agropecuario, de las 216,145 explotaciones agropecuarias con actividad agrícola registradas en el país, 191,184 usan semilla criolla.
“Los productores siguen confundiendo la semilla criolla con el grano comercial. En cada cosecha escogen lo que consideran su mejor semilla y la guardan para sembrar en el siguiente ciclo, pero eso no es semilla, es grano comercial”, asegura Javier Pasquier, presidente de la Federación de Cooperativas para el Desarrollo (Fecodesa).
Semillas criollas son las que nacen de plantas cultivadas por generaciones en cada zona. En tanto, las acriolladas son las que nacen de semillas mejoradas traídas de otro lugar o de centros experimentales, y que después de muchos años de uso se han adaptado a determinadas zonas.
¿CÓMO MEJORAR EL GRANO?
Para transformar el grano comercial a semilla criolla hay que someterlo a un método de fitomejoramiento participativo, que consiste en que un grupo de productores escoja la mejor semilla de su cosecha. Luego, a través de un proceso de reproducción, se somete a una fase de mejoramiento que lleva varios ciclos productivos para fortalecerla y adaptarla a las condiciones del ecosistema en que se usará.
Y es que “la semilla criolla solo sirve en la zona para la que fue preparada”, advierte Javier Delgado, coordinador técnico del Proyecto de Apoyo a la Producción de Semillas de Granos Básicos para la Seguridad Alimentaria en Nicaragua (Papssan) que ejecuta el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA).
Completar este proceso puede llevar hasta cuatro o cinco años. En cada reproducción se debe sembrar a la distancia correcta, limpiar y nutrir adecuadamente, eliminar las plantas atípicas, y en los casos en que sea necesario, hacer cruces con otras semillas para darle a la semilla alguna condición que interese al productor, explican los especialistas.
“La transformación parece fácil, pero el desconocimiento y la confusión que existe entre los productores que confunden grano con semilla porque lo siembran y nace o creen que la semilla mejorada es transgénica porque ha sido tratada, ha dificultado el rescate de la semilla criolla, pero con capacitación se está avanzando”, indica Pasquier.
INICIÓ EL RESCATE
En los últimos años, entre las medidas para mejorar los deficientes rendimientos de los cultivos, se ha desarrollado una fuerte campaña de rescate de la semilla criolla en las distintas zonas del país. Solo el proyecto Papssan ha rescatado unas treinta variedades de semilla criolla y acriollada de arroz, frijol, maíz y sorgo.
El proyecto se ejecuta en Nueva Segovia, Estelí, Madriz, Matagalpa, Jinotega, Río San Juan y en los municipios de Nueva Guinea, Siuna, Rosita y Tasba Pri. Y efectivamente, los involucrados han incrementado entre el 30 y el 100 por ciento la productividad de sus cultivos.
Además han establecido bancos de reservas comunitarias para guardar la diversidad que se ha rescatado, y para usarla en casos de emergencia. La meta es que los productores involucrados reproduzcan la experiencia con sus pares hasta que cada comunidad logre rescatar las variedades propias de sus zonas, ya que de eso depende la mejoría de los rendimientos y la seguridad alimentaria de sus comunidades, afirma Pasquier.
Ver en la versión impresa las páginas: 3 C