Si hay un evento en el cual el nivel de los países que compiten está bien definido, ese es el Mundial de futbol.
Habrá 32 participantes, pero los equipos tienen distintas categorías en relación con sus posibilidades. Se las otorgan su historia y calidad.
Irán los que disputarán el título, los que pretenden entrar a la élite, los que buscan dar la sorpresa y los que van casi en un plan anecdótico.
¿O usted cree que el campeón no estará entre Brasil, España, Alemania, Argentina e Italia?, a pesar de Holanda, Francia e Inglaterra.
Pero solo el hecho de ir al Mundial, ya tiene un mérito enorme. Se trata del final de una carrera que inició con un total de 209 participantes.
Por eso alegra que Costa Rica y Honduras estén entre esos 32 que están completando la carrera, pase lo que pase en este tramo final.
“¿Para qué ir a una Copa?”, me consultó un lector, tras la columna de ayer, en la que justo me referí, a lo duro que es cumplir ese sueño.
Deberíamos aspirar a ir a una Copa, para así tener una meta que nos motive a trazar un plan a largo plazo y buscar los recursos para sostenerlo.
Es sumamente difícil de lograr; sin embargo, lo peor es ni siquiera intentarlo seriamente. Un esfuerzo así, revitalizaría el futbol local.
A cada equipo clasificado al Mundial, la FIFA le otorga 1.5 millones de dólares para su preparación, y ocho millones por participar.
¡Ah claro!, si se avanza en el evento, la ganancia es mayor, al extremo que el campeón se embolsará 35 millones.
Además, exposición mundial, acuerdos comerciales y el chance de sacudirnos ese complejo de creer que no estamos para grandes cosas.
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