En el Real Madrid, por contra, hay otros valores que se subrayan a menudo, como la elegancia o la grandeza de una historia gloriosa, matizada por los triunfos.
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La final de la Liga de Campeones medirá el sábado a dos clubes de una misma ciudad, Real Madrid y Atlético de Madrid, en un derbi que enfrenta a dos mundos, dos filosofías y dos trayectorias históricas casi antagónicas.
Por un lado está el Real Madrid, con su estadio Santiago Bernabéu en el Paseo de la Castellana, la gran arteria madrileña, en una zona noble de la ciudad con hoteles de lujo, torres de oficinas y sedes de grandes empresas. Por el otro, el Atlético y su Vicente Calderón, junto al río Manzanares en un barrio más popular. Menos de diez kilómetros separan a los dos estadios, pero cada uno parece tener su espacio, con un Real Madrid aristocrático por palmarés, adornado sobre todo por nueve títulos europeos, y un Atlético acostumbrado a ser el “hermano pobre”.
Aprovechando esa imagen de trabajador humilde, el entrenador del Atlético, Diego Simeone, ha repetido en varias ocasiones esta campaña que “la auténtica presión la sienten los que luchan por dar de comer a sus hijos a final de mes”. Pero sería quizá demasiado simple sentenciar que el Madrid es el club de las clases altas y el Atlético el de las capas más bajas de la sociedad.
Lo que sí es cierto es que el Real Madrid es el que mueve más aficionados y el que genera más beneficios. El Atlético tiene un presupuesto al menos cuatro veces menor, aunque eso no ha sido obstáculo esta temporada para ganar la Liga española 18 años después, dejando con la frustración de la derrota al Barcelona y Madrid.
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