Conversatorio con el dictador
Sería una buena noticia si en Nicaragua existiera un Estado de Derecho, si nos gobernara una persona sensata producto de una elección limpia y se respetara nuestra Constitución. Pero la realidad es otra. El dictador además de inconstitucional es narcisista y su soberbia lo ciega tanto que se cree el cuento que el pueblo lo adora. La misma enfermedad que tenía Anastasio Somoza Debayle, solo los diferencia la fortuna de Daniel Ortega que es más grande y conseguida en menos años.
Los obispos saben quién es Ortega y no se qué pretende con este diálogo. Ellos son hombres de oración y paz, pregonan que Dios odia el pecado pero ama al pecador, pero todos ellos tienen la virtud de poseer un increíble memoria histórica y cada quien recuerda su propio martirio desde 1980. Rolando Álvarez, actual obispo de Matagalpa, recuerda las tenebrosas cárceles donde el dictador Ortega lo mantuvo encerrado por el “grave delito” de ser líder de la pastoral juvenil.
Los obispos tienen que sacrificarse dialogando hasta con el mismo diablo si es posible y el fin es sacar a la nación del atolladero donde nos han metido convirtiéndonos en el país más corrupto y pobre de América. Pero este conversatorio lo veo a favor del dictador que en todo juego lleva los dados cargados y es su naturaleza hacer trampas, como el zorro pierde el pelo pero no las mañas, no tiene nada que perder porque sigue al pie de la letra las recomendaciones de Tomás Borge: mantener el poder a cualquier costo, digan lo que digan no importa.
Ortega sabe que está desgobernando un Estado fallido y colapsado, pero como ahora no es de izquierda ni derecha, sino de una nueva especie que solo se relaciona con los nuevos millonarios del país necesita ganar simpatías y favores de los católicos. Tratará con sus reconocidas maniobras ganarse la simpatía de algunos obispos, para demostrar su maquiavelismo integró en su equipo de diálogo a su incondicional cardenal Miguel Obando, para demostrar que los obispos y aun los cardenales tienen su precio.
Dios ilumine a nuestros obispos y salve a Nicaragua.
Leopoldo Villalta López. Periodista
El diálogo de los obispos
Lo que para el hombre es imposible, para Dios es posible. Desde esa perspectiva, eminentemente cristiana, los ciudadanos nicaragüenses podríamos esperar “buenas noticias” del diálogo de los obispos de Nicaragua y el Gobierno. Pero lo cierto es que en la política como en la vida, los hechos y acciones son mucho más elocuentes que las buenas razones e intenciones. En ese aspecto, los interlocutores del poder llegarán a la mesa de diálogo en un momento en que buena parte de las preocupaciones y quejas de los obispos, expresadas reiteradamente en el contenido de sus cartas pastorales previas, ya son cosa juzgada.
Temas como la concentración y el ejercicio autocrático del poder, la inobservancia de la ley, la falta de institucionalidad, la inexistente credibilidad del poder electoral, han mutado en una suerte de eliminación de obstáculos y confección de trajes a la medida, expresadas en acciones gubernamentales que no solo consolidaron, si no que ampliaron el estado primario de las cosas. Es el caso de las reformas a la Constitución Política y algunas leyes secundarias relacionadas con la organización del Estado y la funcionalidad de los cuerpos de seguridad pública y castrense del país, la ratificación en sus sillas de funcionarios con cargos vencidos, incluido el inefable presidente del Consejo Supremo Electoral, quien como dijo el propio poder, “nombrado está”.
En este contexto, la única buena noticia que podemos esperar es que los miembros de la CEN puedan expresarle directamente a la pareja gobernante, un repaso detallado de sus sabias reflexiones pastorales que han emitido en el pasado, de tal forma que se rescate lo que aún sea aplicable en procura de lograr la paz social, la estabilidad y el desarrollo de nuestro país, advirtiendo las dolorosas consecuencias que tendría en el mediano plazo continuar por el camino elegido hasta hoy.
¡Que Dios bendiga a Nicaragua!
Mario López
Diálogo mesiánico
Hoy 21 de mayo se realizará el diálogo de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) con el Gobierno, del cual se dijo que no es político. Siendo que la Iglesia católica es un actor social con un enorme caudal político, un diálogo entre ella y el Gobierno debe asumirse necesariamente como político, entendiendo el diálogo político en un sentido amplio.
Además de la naturaleza de los actores que estarán dialogando, otro elemento que refuerza la idea de diálogo político es que ambos actores han señalado que los temas a tratar serán de interés nacional.
Este diálogo político ha generado múltiples expectativas, lo cual no es para menos. Téngase en cuenta que en la Nicaragua actual casi todos los actores con poder de veto: partidos políticos, Cosep, el movimiento estudiantil (recuérdese las luchas por el 6 por ciento), el movimiento sindical (en especial Anden y Fetsalud), los empresarios del transporte colectivo y el Ejército, tienen alguna componenda con el Gobierno o son cautivos del mismo.
En medio del juego de intereses en los que se ve inmersa la Iglesia católica se puede afirmar que es el único actor social con poder de veto que conserva su autonomía frente al Gobierno y su aparato político. Además, debemos tener presente que el hecho que la Iglesia católica haya implementado diferentes tácticas para conservar su autonomía, representa uno de los reveses más significativos para la estrategia de ejercer poder-total por el Frente Sandinista. Con este “diálogo” la Iglesia católica pondrá en juego su autonomía.
El diálogo se ha anunciado como asunto de interés nacional, “por el bien del país”, por lo cual los temas a tratar deberían ser tratados de manera pública, sin agenda oculta. En un escenario democrático, este diálogo sería televisado, con acceso de todos los medios de comunicación nacionales y bajo la observación directa de otros actores, sin embargo este no es el caso.
Ambos actores han dado ciertas señales de qué se estará negociando. Las declaraciones brindadas por funcionarios de gobierno y por obispos han dejado entrever que tratarán de “delimitar” sus competencias en la construcción de “los grandes significantes” de nuestra sociedad. La familia (el único tema que se ha señalado de manera pública) es la puerta de entrada para “dialogar” sobre el uso de los símbolos del cristianismo, para debatir sobre la justicia social, la separación de poderes y el respeto al Estado de derecho. Por ello mientras la feligresía católica ora, el sandinismo oficial entrega láminas de zinc, construye viviendas destruidas y entrega carnés de militancia. Todas ellas, formas silenciosas de mostrar fuerza, capacidad de movilización y ocupación del espacio público.
Una nueva prédica en el púlpito y cambios en los símbolos usados en la copiosa publicidad gubernamental, serán las únicas evidencias de qué se acordó. A pesar de que la CEN ha dicho que emitirá un documento detallando los temas del diálogo, no estoy seguro de que no lo hará. Serán los discursos, la retórica de ambos actores, lo que debemos observar para seguir especulando sobre qué se dialogó.
Este diálogo ha creado el temor que el último de los actores con poder de veto podría quedar cautivo del régimen. De ahí que el desafío para el actor Iglesia católica será conservar su autonomía y sus significantes frente a un régimen de corte totalitario.
Omar Treminio L. Abogado y sociólogo
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