La reunión que sostendrá la Conferencia Episcopal con el ejecutivo este 21 de mayo, ha despertado toda suerte de especulaciones en algunos sectores de nuestra sociedad. Posiblemente se deba a la palabra diálogo, razón por lo que yo prefiero llamarla conversatorio, ya que según mi humilde opinión, el diálogo conlleva el compromiso de encontrar coincidencias o buscar como homologar ideas en aras del consenso. En cambio el conversatorio es la lluvia de opiniones sean estas propias o acopiadas, como es el caso del conversatorio que nuestros obispos sostendrán con el señor Ortega.
La Conferencia Episcopal ha sido más que clara en expresar que su posición en dicho encuentro, será la de exponer las opiniones recogidas de las diferentes expresiones sociales de nuestro pueblo, así como aquellas que ellos como pastores de nuestra Iglesia, recogen en su diaria labor al frente de las diferentes parroquias a lo largo y ancho de Nicaragua. Hablaremos sobre el presente y el futuro de Nicaragua dijeron en su comunicado del 14 de mayo, para el buen entendedor esto quiere decir que le trasladaran al jefe del ejecutivo todas y cada una de las preocupaciones y aflicciones que aquejan al pueblo y que por ende limitan nuestro desarrollo social y económico como nación.
Este conversatorio tiene la virtud que después del 21 de mayo, el Gobierno no podrá seguir haciéndose el sueco con una cantidad de requerimientos y demandas de toda índole que desde la sociedad civil se le han venido haciendo. En pocas palabras, si solo le pidiesen que gobierne para el pueblo y que cumpla con su promesa de enmendar los errores de su anterior administración, yo me sentiría más que satisfecho. Ya que las acciones a tomar ante una repetición de los horrores de los ochenta, nos compete a nosotros los laicos hacérselos pagar. Con esa visión un grupo de líderes de la gloriosa Resistencia Nicaragüense le hizo llegar a la Conferencia Episcopal una misiva que entre otras cosas pedía: Que se proceda a introducir una iniciativa de ley ante la Asamblea Nacional, para que organismos internacionales de reconocida honorabilidad, credibilidad y profesionalismo como el Centro Carter, OEA, Unión Europea entre otros, al igual que nacionales como Ética y Transparencia e Ipade, para que sean autorizados por ministerio de ley a supervisar de manera amplia e irrestricta las futuras elecciones. Facultando a estos organismos a tener acceso total a la información y proceso con una antelación no menor a seis meses antes de la elección siguiente.
Esto a mi juicio es la única garantía para poder aceptar en el futuro, una elección que pueda considerar como legítimos sus resultados. Por lo que insto al Gobierno a reflexionar y despojarse de soberbias que solo desgracias, dolor y muerte han traído a nuestro pueblo en el pasado. Espero que esta iniciativa pueda ser elevada a los tomadores de decisiones del actual gobierno, junto a cualquier otra que la Conferencia Episcopal considere conveniente para reencontrar la paz social y convivencia democrática que nuestro pueblo reclama terminábamos diciendo.
Por ello considero como oportuno el conversatorio que la Conferencia Episcopal sostendrá mañana con el Gobierno y no me cabe duda que entre otras cosas, tratarán de hacer comprender a su interlocutor que en este siglo no hay cabida para dictaduras ni dictadores.
El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense.
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