Los diques de Serbia han resistido hasta ahora en Belgrado, pero los Balcanes seguían movilizados este martes por temor a nuevas crecidas del río Sava, un afluente del Danubio, después de las inundaciones, que afectaron a más de 1,6 millones de personas en Serbia y Bosnia, dejando al menos 47 muertos.
El Sava representa ahora la principal amenaza desde la vecina Croacia hasta Belgrado, donde confluye con el Danubio.
La situación era muy tensa en Sabac, Sremska Mitrovica y Belgrado, pero también en Orasje, en la vecina Bosnia.

Miles de voluntarios luchaban en el noreste de Bosnia para reforzar los diques a lo largo del Sava, sobre todo en la región de Bijeljina, mientras la ciudad de Orasje estaba rodeada por las aguas, que ya han inundado las aldeas circundantes.
En Belgrado, miles de voluntarios colocaron bolsas de arena sobre 12 kilómetros de diques para impedir que las crecidas inundasen la capital.
En Obrenovac, una de las ciudades serbias más afectadas, los socorristas lograron contener las aguas alrededor de la central térmica Nikola Testa, que produce el 50% de la electricidad del país.
Más de 100,000 personas fueron evacuadas en Bosnia. Se trata del peor éxodo en este país desde la guerra intercomunitaria de 1992-1995.
El tiempo soleado y las temperaturas primaverales permitieron que las autoridades iniciasen obras de limpieza y desinfección en las regiones afectadas, una tarea de gran importancia para evitar una «catástrofe epidemiológica». «Estamos llevando a cabo un duro combate contra las epidemias y las enfermedades, que son una de las consecuencias inevitables de las inundaciones», declaró Nermin Niksic, primer ministro de la entidad croato-musulmana de Bosnia.