Transformación estructural y tipo de cambio real

La capacidad de desarrollar estructuras exportadoras con contenidos tecnológicos cada vez mayores no solo está determinada por los efectos “directos” de las políticas orientadas a promover el cambio de la estructura productiva, sino también por los efectos “indirectos” del conjunto de instrumentos de política económica que se pongan en marcha.

Adolfo Acevedo Vogl (*)

La capacidad de desarrollar estructuras exportadoras con contenidos tecnológicos cada vez mayores no solo está determinada por los efectos “directos” de las políticas orientadas a promover el cambio de la estructura productiva, sino también por los efectos “indirectos” del conjunto de instrumentos de política económica que se pongan en marcha.

Desde el punto de vista de la reestructuración productiva, y de la necesidad de cambiar el tipo de inserción en el comercio internacional, resulta de especial importancia mantener un tipo de cambio real alto y relativamente estable, que promueva la orientación de los recursos hacia los sectores transables y tasas de interés lo más bajas y estables posibles, que alienten la inversión en estos sectores.

La evidencia sugiere que parte del desempeño económico diferenciado entre América Latina y los países asiáticos se puede explicar por las diferencias en las políticas orientadas a influir sobre el nivel y las fluctuaciones del tipo de cambio real.

En los países de rápido crecimiento se procuró mantener un tipo de cambio real competitivo y relativamente estable, que favoreciese a diversificación productiva hacia actividades transables de mayor complejidad.

En América Latina, por el contrario, las políticas se orientaron hacia el uso del tipo de cambio nominal como ancla del sistema de precios, lo cual, en conjunto con la liberalización de la cuenta de capital —con la notable excepción de Chile post 1984— y la desregulación financiera se tradujo en una amplia sobrevaloración e inestabilidad del tipo de cambio real.

Hay una evidencia empírica muy amplia de que el tipo de cambio real es un determinante significativo del crecimiento económico, dado que ejerce una influencia clave sobre las posibilidades de tener éxito en la diversificación productiva y exportadora.

Una de las explicaciones de este hecho apunta a las externalidades que generan los sectores productores de bienes y servicios transables, lo que indica que la subvaluación del tipo de cambio opera al menos como un sustituto parcial de una política de desarrollo productivo, particularmente en las actuales condiciones, cuando, debido a las regulaciones de la OMC, resulta más difícil recurrir a instrumentos más tradicionales de la política de desarrollo.

Un tipo de cambio real competitivo amplía la rentabilidad relativa de los bienes comerciables, acrecienta la cantidad de inversiones en los sectores de bienes comerciables que se vuelven rentables, suponiendo que todo lo demás se mantenga constante y, por lo tanto, en términos probabilísticos, amplía el número de industrias transables que logran despegar y que a la larga resultan ser exitosas.

Por eso se puede decir que existe una clara relación entre el tipo de cambio real y la calidad de las exportaciones.

Desde el punto de vista del análisis basado en un enfoque de equilibrio general estático, se podría pensar que ocurre lo contrario; es decir, que un tipo de cambio real relativamente subvaluado se traduce en una competitividad de bajo nivel, basada en bajos salarios, lo cual y llevaría a un país con un tipo de cambio real subvaluado a especializarse más en productos basados en el uso intensivo de mano de obra.

Sin embargo, lo que sucede en la práctica, como lo muestra la experiencia de los países de alto crecimiento, es que un tipo de cambio real subvaluado hace que a la larga el país avance dentro del espectro productivo, dando lugar a círculos virtuosos de aumentos en la productividad y los ingresos laborales reales, en lugar de lo contrario.

En todo caso, una tasa de cambio competitiva es un complemento necesario de una política productiva, ya que es difícil o incluso imposible compensar con una política productiva los efectos adversos de una tasa de cambio sobrevaluada.

(*)Economista [email protected]

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí