Un Diriangén transformado mental y futbolísticamente, le amargó la fiesta a los aficionados del Real Estelí que llenaron anoche el Estadio Independencia. Los norteños pensaron haber ganado el partido sin jugarlo o confiados por la ventaja de la ida, exhibieron una versión irreconocible por más de media hora.
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Invicto en 18 partidos, 13 victorias y cinco empates, el Estelí celebró ante más de siete mil fanáticos su hegemonía en la Primera División. Los norteños registraron anoche su octavo título nacional consecutivo al terminar sin goles en el partido de vuelta del Torneo de Clausura.
Sin complejos, el Diriangén llegó al Independencia convencido de obrar una milagrosa remontada, gesta que logró en el 2006, pero que anoche solo coqueteó en los minutos iniciales. Desde el arranque los diriambinos se hicieron sentir, favorecidos por un frío Estelí que volvió a tener sus mejores ocasiones en sus individualidades.
Con desbordes de Juan Barrera por todo el frente de ataque, y disparos de larga distancia de Samuel Wilson y Elmer Mejía, Estelí recuperó sus colores de ocho veces campeón, perdidos por más de media hora por la fe de un Diriangén peleón, revolucionado psicológicamente y aguerrido hasta el final.
La profundidad ofensiva mostrada por el Diriangén desde el arranque, le permitió coquetear con el gol antes del cuarto de hora, gracias al sacrificio individual y colectivo. Peleando cada balón como si fuera el último, los diriambinos se acercaron peligrosamente a la portería de Justo Lorente, exigido en par de jugadas.
El Diriangén demostró ser un digno finalista recuperando el prestigio perdido en la final 2012, en el que el Estelí lo humilló con un 6-1 global, marcador del que el “Tren del Norte” estuvo lejos de repetir, por más que Nofran Lazo coqueteara con un gol que hubiera servido para festejar el título.
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