Aún cuando su guante sigue siendo capaz de jugadas sensacionales y la velocidad de sus piernas continúa intacta, Everth Cabrera es sometido a escrutinio diariamente por las fluctuaciones de su promedio y su ritmo en robos.
Cierto, Cabrera pasó de un respetable .289 en abril, a un discreto .179 en lo que va de mayo. Pero olvidamos que la temporada tiene un enorme recorrido todavía y que el nica dispondrá del tiempo necesario para reaccionar.
Es más, lo insinuó en los últimos tres partidos en los que actuó, antes de la pausa para ir a atender el arribo de su hija Erika Hiliana. En esos juegos bateó de 13-5 (.387) y subió el promedio global de .246 al actual .258 (155-40).
El nandaimeño ha tenido el mejor despegue de su carrera este año. En cierto instante, su average se elevó a .356 y su promedio sobre las bases a .370. Pero luego sufrió un bajón de voltaje y ahora lucha por reaccionar.
La última vez que Cabrera estuvo sobre .300 fue el 27 de abril (.301), y a partir de ahí se precipitó hasta .246, el punto más bajo al que llegó el 7 de mayo. En ese lapso bateó de 39-9 para .230. Sin embargo, ahora está de regreso.
Estas cosas suceden con los bateadores, y en la vida en general. Nadie batea bien en todos sus turnos. Y Cabrera es un jugador maduro, y con plena conciencia de su potencial y de los beneficios que puede llegar a conseguir.
Solo debe tenerse paciencia y no llegar diario a juicios precipitados. Es más, en el 2013, Cabrera bateaba .238 a estas alturas, y todos sabemos lo que vino después: se calentó y hasta al Juego de Estrellas fue convocado.
Este muchacho, con salud, es capaz de algo más que solo atrapadas sensacionales.
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