De rodillas, con plegarias al cielo, la mirada y brazos en alto, y en dirección a la grada este del estadio Cacique Diriangén, Samuel Wilson celebró sus dos goles el domingo. En el primer festejo agradeció a Dios por haber superado las lesiones y el momento de inspiración. La segunda dedicatoria fue a la barra del Real Estelí, por la paciencia en los momentos difíciles.
Cada tiro al marco, Wilson lo cambió por gol. En el segundo, en el tanto de la victoria 2-1, resumió su calidad con el detalle técnico de la ejecución. Controló orientado a su perfil derecho, en esa acción se quitó al defensor y definió en el palo del arquero.
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Con su actuación, Wilson se redimió de esta inestable temporada en lo deportivo, por las lesiones y la exclusión de la Preselección Nacional de Futbol, convocada para el próximo 19 de mayo. Sus dos goles contra el Diriangén en el partido de ida de la Final del Torneo de Clausura recordaron que sigue siendo un jugador decisivo, y sobre todo, que se crece en las adversidades.
La temporada arrancó prometedora para Wilson. Con tres goles en la misma cantidad de partidos se vaticinó que podría recuperar el nivel de las campañas anteriores en las que las lesiones lo mermaron. Pero fue un espejismo. El peso de su titularidad se reflejó en las estadísticas: un gol en 14 encuentros, dos de ellos de suplentes.
El discreto rendimiento de Wilson, experimentado en el tramo final de la campaña, se unió con la no convocatoria a la Preselección, situación que extrañó hasta a su propio entrenador, Otoniel Olivas. “¿Quién de los convocados es mejor que él? ¿Como director técnico, dejarías fuera al mejor jugador de Nicaragua?”, cuestionaba.
Olivas, convencido de lo expuesto anteriormente, no dudó de Wilson y comenzando la segunda mitad le dio entrada por el lesionado Elvis Pinell. El cambio le dio la victoria 2-1 al Estelí con un Wilson decisivo, quien sin atravesar su mejor momento futbolístico apareció para redimir su campaña.
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