La destrucción de monumentos emblemáticos construidos por otros gobiernos deriva de la “obsesión” de los Ortega por pasar un borrador a la historia y reescribirla “a la medida de sus ambiciones y su culto a la personalidad”, considera Dora María Téllez, excomandante guerrillera. O bien, es una muestra de esa “intolerancia” humana ante todo aquello que incomoda o trae malos recuerdos, señala el historiador Bayardo Cuadra.
Sin embargo, fue destruido porque el actual Gobierno siente una “visceralidad especial” por todo lo que le recuerde la derrota de 1990 y el periodo de doña Violeta Barrios, considera Dora María Téllez, excomandante guerrillera.
Ahora —considera Sánchez— el Estado debe hacer esfuerzos para proteger el Templo de la Música, el Teatro Margot, la Catedral de Managua, la casa de la familia Cardenal, la Tribuna Monumental y el monumento a Rubén Darío. De otra forma, Managua quedará sin patrimonio histórico.
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De 2007 a la fecha, el gobierno de Daniel Ortega eliminó la fuente musical, el monumento de la otrora rotonda Colón, la Concha Acústica y el Faro de la Paz. Además ha menospreciado otras obras, como la Casa de los Pueblos. Esto se debe —según Téllez— a la intención de eliminar todo lo que les recuerde otras etapas de la vida nacional.
Pueden darse mil argumentos, como que la estructura “estaba carcomida” o “representaba un peligro”, pero en el fondo lo que hay es intolerancia, subraya Cuadra. “Hay una tendencia mundial de destruir lo que ofende, como cuando los españoles destruyeron los templos indígenas”, explica.
Para Téllez, tanto el gobierno de Ortega como el del expresidente Arnoldo Alemán se han caracterizado por ser destructores de las obras ajenas. “Es una característica de los gobiernos autoritarios. Destruir lo que hacen los otros y después no hacer nada. No hay ningún monumento de calidad hecho por este régimen. No se puede decir que el monumento a Hugo Chávez sea algo con calidad. En realidad es una cosa bastante penosa ”, sostiene.
Por otro lado —dice— todas esas obras han sido construidas y destruidas con dinero de la ciudadanía y el Gobierno tendría que dar cuenta de por qué se elimina una obra que “nos ha costado dinero a nosotros”.
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obras grandes y caras hechas por otros gobiernos han sido destruidas —y no reemplazadas— desde que Daniel Ortega regresó a la Presidencia de Nicaragua. No se ha informado sobre el costo de las demoliciones.
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