Juan Vega Gonzales (*)
Una de las primeras consideraciones a realizar al resolver problemas (o proporcionar a otras personas instrumentos/medios para resolver problemas o aprovechar oportunidades), es cuál va a ser la utilidad para las personas y cómo van a utilizar esos medios.
Los procesos creativos requieren interacción entre inspiración y orientación de soluciones a resultados concretos y medibles.
1. Entender el porqué de las personas es fundamental para ponerlas en el centro.
Para poner a las personas en el centro no solo nos ocupamos de pensar qué es lo que las mismas hacen; sino fundamentalmente el porqué hacen las cosas de cierta manera; que las motiva/buscan, que las desmotiva, que les gusta y no les gusta hacer.
Detrás de todo proceso de aplicación de diseño, hay procesos educativos interesados en encontrar solución a un problema; enfocados en cómo hacer las acciones y resolver las objeciones o dificultades que puedan presentarse.
2. La comunicación ayuda a mantener el interés y la motivación para aplicar las soluciones que se propongan.
Recuerde que un proceso educativo o de diseño, tiene dos lados en la comunicación considere no solo qué mensaje piensa enviar; sino cómo va a ser recibido ese mensaje por su audiencia, cómo podría reaccionar.
3. El diseño o proceso centrado en las personas tiene que tener significado para ellas.
Precisa tener apertura mental para formular preguntas abiertas, desafiar y al mismo tiempo dar la libertad a las personas de escoger el camino del cambio que ellas quieran tomar.
El diseño precisa ser relevante para las personas.
La relevancia depende de la utilidad o valor real que tendrá el proceso o producto desde el punto de vista de sus usuarios. Debe ser aplicable en el día a día y en la vida real; lo que implica formular en el diseño resultados cuantitativos específicos y medibles y significativos para las personas.
La importancia o relevancia a nivel cualitativo/calidad precisa tocar los sentimientos y emociones de las personas; lo cual puede realizarse de una forma más efectiva recurriendo al uso de historias o experiencias con resultados concretos que puedan compartirse con su audiencia.
Materiales atractivos, ejercicios interactivos, retroalimentación inmediata y un aprendizaje de persona a persona (o entre colegas que enfrentan/enfrentaron situaciones similares), son poderosos recursos para apalancar la efectividad del proceso educativo.
El espíritu del buen diseño es poner a las personas en el centro.
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