Rezaye Álvarez M.
[/doap_box]
Niños, jóvenes y adultos que le dan vida al Hogar Zacarías Guerra, llevaron flores hasta el Cementerio San Pedro de Managua para rendir un homenaje simbólico a José Zacarías Guerra, primer benefactor de este centro.
Aunque el mausoleo donde descansa Guerra fue una de las tantas infraestructuras que sucumbieron al terremoto del 23 de diciembre de 1972 y fue despojado de sus placas de mármol, los estudiantes y colaboradores del Hogar decidieron llevarle flores por el centenario de su fallecimiento.
Guerra, descrito por Óscar Miranda —colaborador en el Hogar—, era un “pinche” que hasta después de muerto dejó en evidencia la grandeza de su bondad.
El 8 de mayo de 1914, tres días después de la muerte de Guerra, se dio lectura a su testamento donde heredó sus bienes para la construcción de un asilo o una casa para niños huérfanos.
Y así fue como nació el Hogar Zacarías Guerra, llamado así en su honor.
Para Francisco Javier Bautista Lara, autor de una biografía de Guerra, el legado de este filántropo “es un compromiso que hay que continuarlo y trasciende a los cien años transcurridos, porque tiene una vigencia de largo plazo”.
Para fray Eliécer Valladares, subdirector del Hogar, la visita al cementerio fue un momento solemne y “muy significativo para todos los que de una u otra forma nos beneficiamos de lo que Zacarías Guerra realizó”.
José Esteban Rodríguez, presidente de la junta directiva del Hogar Zacarías Guerra, dijo que es necesario “seguir creciendo” y apoyando la labor que se realiza en beneficio de la niñez y juventud.
Ver en la versión impresa las páginas: 5 A