El Diriangén sintió el júbilo de la victoria al minuto 85, cuando el colombiano José Luis Rodríguez penetró la cabaña bien defendida del “Pulpo” Espinoza, venciendo las aspiraciones del Walter Ferreti: derrotados 1-0 (2-2 global, pero el gol de visita del Diriangén les dio la victoria).
En el partido de semifinal (Diriangén vs. Ferreti) hubo un pésimo arbitraje de William Mendoza.
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La mística del técnico brasileño Flavio Da Silva se ejecutó en el terreno de juego. La juventud de Eulises Pavón abrumando a Freddy Villarreina filtrando centros de peligrosidad, la consistencia de Jonathan Zapata cruzando el campo como un guerrero, y los despliegues ofensivos de Jesse López al entrar al término del partido, hizo que lo probable se hiciera real.
La sensación de la derrota que se agudizaba a medida que el tiempo pasaba, terminó con un nudo en la garganta delatando gratitud. La insistencia dio resultado. Ver a los diriambinos en la final no es una consecuencia del destino, solo que en este caso la realidad de jugar sin Daniel Cadena en todo su esplendor y sin Javier Dolmus ni siquiera en la banca, superó a la ficción que era una final entre Estelí y Ferreti.
A pesar de que los capitalinos corrieron jadeando en busca del balón durante casi todo el juego, pero férreos defendiendo el 0-0, sabían que estaban en la orilla del derrumbe, y por un lado les esperaban los cielos de la gloria y al otro los abismos de la ruina.
La victoria lograda de local por el Ferreti, pero con la consecuencia de estar sin sus mejores hombres a la ofensiva, advertía que el bienestar no era otra cosa más que un sufrimiento detenido. Ganaron los Caciques y ahora lucharán contra el Real Estelí en la final.
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