Se consumen aceitunas tal cual, con hueso y todo, es la mejor opción, y aceitunas deshuesadas, machacadas, rotas, con mil y un aliño.
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De ellas proviene, no el aceite de aceitunas, sino el de oliva, ingrediente fundamental de la cocina (y la dieta) mediterránea.
Casi todas las aceitunas que se cosechan se convierten en aceite, salvo aquellas que se consumen tal cual. Entendámonos: tal cual salen del árbol no, porque son una cosa de un amargor extremo. Hay que prepararlas para el consumo.
Hay muchas maneras de hacerlo. La más básica consiste en meterlas en agua dulce y cambiar esta un par de veces al día; pero la clásica es la salmuera, más o menos fuerte, aunque mejor menos que más, y aderezada con algún otro ingrediente: tomillo, romero, laurel, orégano, hinojo, vinagre, estragón e incluso cortezas de limón y de naranja.
Para las negras, lo más clásico es la chiltoma y la cebolla picada. Hay que tener en cuenta que la oliva negra se enrancia con mucha más facilidad y velocidad que la verde, y una aceituna rancia es penosa.
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