Cuarenta años después el Atlético de Madrid vuelve a una final de la Champions. La flexibilidad en el estilo de juego del club madrileño la tendrá en Lisboa el 24 de mayo, tras dejar en el camino al Barcelona en cuartos, y al Chelsea ayer 3-1 en semifinal, equipos con maneras diferentes de entender el futbol.
El Atlético buscará la gloria en el derbi madrileño ante el Real Madrid, un colectivo de similares características que su última víctima. Pero a Diego Pablo Simeone, candidato al mejor entrenador por la actual temporada, le da igual el nombre o filosofía de juego del rival. A todos les juega de la misma forma: mucha intensidad y coraje.
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Los colchoneros no le huyen a nada, ni nadie porque saben a lo que juegan y porque tienen jugadores para ello en todas sus líneas. Desde los delanteros Adrián López o Diego Costa, hasta volantes como Tiago Mendes, —decisivo ayer— al igual que el portero Thibaut Courtois, protagonista de la clasificación. Todos en un gran momento.
La apertura del Chelsea en el marcador benefició al Atlético. Fue la prueba que necesitó para conocerse qué podía hacer en la adversidad, identificar de qué estaba hecho y hasta dónde podía llegar con los jugadores que posee y su forma de entender el juego.
El Atlético demostró que no solo puede jugar al contraataque, como el Chelsea de Mourinho, también lo sabe hacer moviendo el balón. El origen de los goles de Adrián López (44), Costa (60), de penal y Arda Turan (75) fueron desde la elaboración, prueba inequívoca de la flexibilidad de su futbol.
Con los londinenses arriba por el tanto de Fernando Torres (36), el Atlético se fue para adelante aprovechando los espacios. Circuló el balón de un lado a otro en los tres tantos. Hasta en el penal de Samuel Eto’o sobre Costa (60) precedió desde una recuperación en el medio campo de Tiago, apertura a la banda y centró al área.
Juanfran, el lateral derecho, y Tiago fueron obreros silenciosos y figuras del Atlético.
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