César Bermúdez Rodríguez recibió de Ramón Rodríguez, director del Teatro Nacional, un reconocimiento a su trabajo de músico y docente. LA PRENSA/BENJAMIN FARIÑAS

“La música es mi pasión”

“La música es una carrera apasionante, que cuando te atrapa no te suelta; podés tener otra carrera, pero cuando tocás música es lo más maravilloso que te puede pasar en la vida”, confiesa César Danilo Bermúdez Rodríguez, artista de la flauta transversa, docente, director de música clásica y sones nicaragüenses.

“La música es una carrera apasionante, que cuando te atrapa no te suelta; podés tener otra carrera, pero cuando tocás música es lo más maravilloso que te puede pasar en la vida”, confiesa César Danilo Bermúdez Rodríguez, artista de la flauta transversa, docente, director de música clásica y sones nicaragüenses.

“Cuando estoy dirigiendo, siento las vibraciones de todos los sonidos que te llegan al oído en todas sus armonías”, agrega Bermúdez Rodríguez, quien desde 15 años ha dirigido la Banda Municipal de Managua, y hace dos años la Orquesta Sinfónica Juvenil Rubén Darío.

Por igual, sostiene que la otra clave de un director es “guiar con responsabilidad la orquesta y saber comunicarle a sus integrantes la pasión musical en los conciertos”.

Con este magisterio y sentir dirigió en la recién pasada XII Temporada de Música Clásica un Ave María de Caccini y una suite de música nicaragüense, interpretada por la Orquesta Sinfónica Juvenil Rubén Darío. Evento realizado en el Teatro Nacional Rubén Darío, donde se le reconoció su magna labor.

MÉRITOS 

“Fue una gran sorpresa y me deja un compromiso con la música y la docencia”, expresó Bermúdez Rodríguez al recibir los elogios de méritos por parte del músico Ramón Rodríguez, organizador de la temporada musical. Este le entregó durante la clausura un certificado destacando su trayectoria en la música nicaragüense y se proyectó un documental de su vida.

En años anteriores han recibido estos homenajes los músicos José de la Cruz Mena, Salvador Cardenal, Pablo Buitrago, Francisco Jarquín, Raúl Martínez, Caridad Rosado, Hugo Sandino, Max Abarca, y Eddy Torres, entre otros.

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“Siento que heredé esa vocación musical de mi abuelo Rigoberto Bermúdez, quien junto con el saxofonista Tippy popularizaron la famosa canción El burro ”, rememora Bermúdez Rodríguez, nacido en Mina Rosita en 1969.

“De mi abuelo, aún conservo el banyo con que tocaba”, confiesa con orgullo. Sus progenitores, Dinora Isabel Rodríguez Lumbí y César Orlando Bermúdez Herrera, también le apoyaron en su carrera inicial, reconoce.

Su otra vena artística viene de su tío Adán Bermúdez, quien junto con los hermanos Cassells, Marcos Williamson formaron Cawibe, grupo musical que se proyectó en la década de los sesenta con sus contagiosos ritmos como el Calipso man, Caliente Caliente y Night nurse.

También gustaba en su juventud escuchar las pequeñas lecciones de música (de un aficionado para un aficionado), que transmitía el entusiasta Salvador Cardenal Argüello en la radio Güegüense, quien también divulgaba los sones de toro y sones de marimba.

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“Al ver la lista de estas personalidades admirables de la música me siento pequeño”, dijo Bermúdez Rodríguez, quien desde niño se sintió atraído por las melodías de piano y la flauta dulce. A los 13 años ingresó a la Escuela Nacional de Música, tres años después a la Banda del Ejército Nacional.

En su primera presentación acompañó a la Orquesta de Cámara Nacional dirigida por el chileno Hernán Barillas, y fue para la reapertura del Teatro Nacional Rubén Darío en 1986, recuerda. Hasta la fecha lleva 29 años de carrera artística.

CON CÉSAR PRADO 

Recuerda que primero recibió clases de piano con una misionera evangélica llamada “John”; luego flauta traversa con el maestro Donald Chamorro Collado. “Le tengo mucho respeto y cariño”, dice. 

Y clases de teoría, solfeo y armonía con Pablo Buitrago. También dice que Francisco Jarquín ha sido importante en su carrera profesional, al igual que lo fue César Prado. “Ellos han sido los maestros de mi formación elemental, básica y media”, explica. 

Además de flautista, Bermúdez Rodríguez es pedagogo con énfasis en música. Desde esta posición, comenta, puede “intervenir en los currículos musicales de sus estudiantes poniéndolos a tono con los niveles internacionales”.

Su vocación lo ha llevado a impartir clases de flauta traversa, flauta dulce y teoría; y ser jefe de área de asignaturas, programas y currículos de las carreras del Conservatorio de Música de la Upoli.

Sus enseñanzas de solfeo y flauta también las ha impartido en la Escuela Nacional de Música, en el Centro Intereclesial de Estudios Teológicos y Sociales (CIETS), en la Escuela Espacio Abierto que dirige la bailarina Gloria Bacón, y en el Ministerio de Educación. 

Su pasión por la música también la ha transmitido con optimismo a sus dos hijos, Zuriel Bermúdez Cisne, un destacado violinista; e Ira Isaac Bermúdez Cisne, estudiante de piano y violonchelo. Bermúdez Rodríguez está casado con Socorro Cisne Contreras, una maestra de canto lírico y solfeo. Toda una familia de músicos.

BANDA CON CIEN OBRAS

A la Banda Municipal de la Alcaldía de Managua ingresa como flautista, por un tiempo toca la guitarra eléctrica. Recuerda que tuvo que estudiar mucho para participar en una competencia con el trombonista Iván Guevara y el barítono Sergio Gadea para ascender a subdirector.

Como director musical ha sido muy versátil. Su experiencia lo ha llevado a dirigir tanto música clásica, popular, como música para big band, género del que ha sido un gran impulsor. “En 2009 la banda fue galardonada con la Orden Cultural Rubén Darío”, externa con orgullo.

Revela que su repertorio cuenta con más de cien obras, una buena parte de ellas recopiladas y resguardadas en cajas ácidas. “Se encuentran piezas antiguas de misas y de marchas de procesión, así obras de Arturo Picado, de José de la Cruz Mena, y de otros compositores”, dice.

También dice que ha dirigido sones de toros como La pelota, Dame pozol con leche, o piezas nicaragüenses como Barrio de pescadores, de Erwin Krüger; El nandaimeño, de Camilo Zapata; Nicaragua mía, de Tino López Guerra; y otros ritmos como el Palo de mayo.

Además ha realizado arreglos “con sus toques académicos y clásicos”, explica.

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