Por Mónica García Peralta
Lucero Millan, de nacionalidad mexicana, dirige el Teatro Justo Rufino Garay desde hace 34 años. Recientemente se graduó como socióloga, es una mujer activa, paciente, persistente y siempre en busca de retos.
::: ¿Extraña México?
Claro, sobre todo la comida y la familia.
::: ¿Suspira por algún plato específico?
Todo (risas), pero trato de sostener el sabor mexicano en casa.
::: ¿Pero ha adoptado un gusto nica?
Soy más nicaragüense que muchos, el gallopinto me encanta.
::: ¿Un recuerdo que atesore?
Cuando le sacaba canas a mi papá. Me pagaba cinco centavos por cada una (ríe).
::: El centro de su vida es…
Es la armonía. Que mi cuerpo, alma y espíritu estén equilibrados.
::: ¿Y cómo se define?
Paciente, persistente, constante. Amo los retos, si no los tengo siento que muero.
::: ¿Cuál es su sueño realizado?
La educación de mis hijos y haber fundado el Justo Rufino Garay.
::: ¿Qué le falta?
Quisiera vivir una parte de tiempo en México y una aquí, también tengo publicaciones pendientes.
::: ¿Qué significa para usted: amor?
El eje transversal de mi vida, todo lo que hago es por amor.
::: Sexo.
Vital en la vida de cualquier ser humano.
::: Dinero.
Importante, pero solo como soporte para construir lo que uno desea.
::: Patria.
La llevas contigo. No es el lugar donde uno nació, es el lugar que uno elige.
::: Quedarse en Nicaragua fue…
La mejor decisión de mi vida.
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