El Vaticano/ Agencias
El papa emérito Benedicto XVI asistirá este domingo 27 de abril a la ceremonia de canonización de sus predecesores Juan Pablo II y Juan XXIII en la Plaza de San Pedro del Vaticano, la que será presidida por su santidad Francisco.
Así lo confirmó este viernes 25 de abril el presidente de la Obra Romana de Peregrinaciones (ORP), Liberio Andreatta, quien destacó que en la Plaza de San Pedro se contará con la presencia de “dos papas vivos y dos papas santos”.
“ROMA VIVIRÁ UN EVENTO HISTÓRICO”
“Roma vivirá un evento histórico: dos papas vivos y dos papas santos. Imagino qué emoción sentirán Benedicto XVI y Francisco”, dijo Andreatta, quien dirige esta institución del Vicariato de Roma que organiza peregrinaciones a los principales lugares de culto y también se está ocupando de la ceremonia del próximo domingo.
El portavoz de la oficina de prensa del Vaticano, Federico Lombardi, explicó el miércoles que aunque Benedicto XVI ha sido invitado a la canonización, su presencia no era segura hasta el domingo por la mañana, ya que todo dependería de lo que el papa emérito decidiese.
Sin embargo, Andreatta confirmó su presencia durante una rueda de prensa organizada por el Vaticano para presentar los detalles logísticos de este gran evento de la Iglesia católica.
19 jefes de Estado, 24 primeros ministros y 23 ministros junto con sus respectivos acompañantes estarán en la canonización.
220 mil personas es la capacidad máxima que tienen la Plaza de San Pedro y la Vía de la Conciliación, que la conecta con Roma, según las autoridades. El resto de gente quedará fuera de los muros vaticanos.
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Joseph Ratzinger vive tras su renuncia, el 28 de febrero de 2013, en un tranquilo monasterio en los jardines vaticanos, y durante el último año ha aparecido en varias ocasiones junto con Francisco.
FRANCISCO FELIZ POR PROCLAMAR SANTIDAD
El papa Francisco expresó su felicidad por proclamar la santidad de Karol Wojtyla, un “gran hombre y papa”, en un mensaje que envió a los fieles polacos y que publicó ayer la oficina de prensa del Vaticano.
“Le estoy agradecido a Juan Pablo II por su servicio sin descanso, por su guía espiritual, y por haber introducido a la Iglesia en el tercer milenio de la fe y por su extraordinario testimonio de santidad”, señaló en su mensaje Francisco, quien mañana celebrará la canonización de Wojtyla junto con la de Juan XXIII.
Para Francisco, el papa polaco “abrió la sociedad, la cultura, los sistemas políticos y económicos a Cristo interviniendo con la fuerza de un gigante. Una fuerza que le llegaba de Dios”.
El papa argentino destacó además su gran “humanidad” que llevó a los cristianos de todo el mundo “a no tener miedo de proclamarse cristianos, de pertenecer a la Iglesia”.
“Nos ha ayudado a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es garantía de libertad. Y en estas palabras que pronunció el papa me identifico totalmente”, agregó Francisco en este mensaje que emitieron las televisiones polacas.
El pontífice recordó que Juan Pablo II participó en el Concilio Vaticano II y después de su elección se comprometió para que en la Iglesia encontrasen su lugar “todas las naciones, idiomas y culturas”.
LA RELACIÓN CON LOS JUDÍOS
El papa Juan XXIII y el papa Juan Pablo II revolucionaron las relaciones de la Iglesia católica hacia los judíos, eliminando el antagonismo que otrora era doctrina oficial, mediante pronunciamientos oficiales y gestos personales.
Angelo Roncalli, quien luego sería el papa Juan XXIII, fue embajador del Vaticano ante Grecia y Turquía durante la Segunda Guerra Mundial y fue testigo del holocausto. Se dice que salvó a decenas de miles de judíos que vivían en Europa oriental, al conseguirles visados y certificados de nacimiento falsos.
Karol Wojtyla se crió en Wadowice, Polonia, un poblado cerca de Cracovia y no muy lejos del campo de concentración de Auschwitz.
Wadowice tenía una gran población judía, y había varios chicos judíos en la escuela de Wojtyla. Uno de ellos siguió siendo amigo del pontífice: Jerzy Kluger, quien sobrevivió al holocausto a pesar de perder a toda su familia, y quien se fue vivir a Roma después de la guerra. Con frecuencia, Juan Pablo II le invitaba a cenar al Vaticano.
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