Geraldina González C.
Los malos hábitos alimenticios, la poca educación nutricional y el fácil acceso a la comida ‘chatarra’ tienen un impacto negativo en nuestro organismo, convirtiéndose en las causas principales de enfermedades que perjudican nuestra salud.
Sabrina Espinoza, nutricionista de la Clínica Médico Integral San Miguel, explica que dentro de las acciones más importantes para mejorar el estilo de vida nutricional de las personas se encuentra el evaluar la situación actual a nivel nutricional para poder determinar el tipo de alimentación necesaria de acuerdo a sus necesidades, eliminando la idea de que la comida sana es aburrida.
“Lo ideal es enseñar a comer sanamente, enseñar que a veces no hay necesidad de estar ingiriendo medicamentos si tenemos la opción de comer sano. Si aprendemos a comer, mejoraremos nuestra calidad de vida y nuestra salud y, por ende, nos vemos mejor. Cuando se piensa en dietas o comida sana se cree que solo son cosas verdes, solo monte, pero no, hay una gran variedad de comida sanas y ricas”, explica Espinoza.
Si bien es necesario realizar un diagnóstico previo para conocer los antecedentes, el patrón alimenticio y otras características que pudieran influir en las necesidades nutricionales, es aún más importante saber cómo preparar ese alimento que el cuerpo necesita para su correcto funcionamiento.
Para la doctora Carla Fjeld, especialista en nutrición humana, uno de los desafíos que presenta este acompañamiento nutricional es lograr que se establezca el camino a seguir y se logre mantener el plan de alimentación, pues vivimos rodeados de comidas rápidas que no aportan beneficios a nuestro organismo.
“¿Cómo se van a poner en práctica las mejores recomendaciones para tener todo el efecto que deseamos? Se trata de un complemento. Por una parte establecer un tipo de dieta, y por la otra, enseñarles cómo preparar los platillos en el hogar”, afirma.
Variedad de sabores
Cuando se habla de dieta, por lo general lo relacionamos con alimentos verdes con sabores poco agradables. De acuerdo con Espinoza, “lo ideal es enseñarle a las personas qué opciones hay. Por ejemplo: en el caso de la sal, si nosotros le ponemos orégano u otras especies naturales, la comida queda con un sabor riquísimo y así no se requiere poner sal a la comida”.
Por su parte, la doctora Fjeld, compara la percepción de los alimentos con la variedad de colores de la paleta de un artista.
“Debemos despertar el cerebro, apreciar los sabores, visualizarlos como la paleta de colores de un artista. Existen tantas opciones y nuestra cabeza tiene los receptores para los distintos sabores, no tiene que ser necesariamente la sal. Al activar solamente un receptor de sabor comemos de más y se vuelve aburrido”, exhorta.
Dentro de los alimentos naturales que podemos incluir en nuestros platillos, Fjeld recomienda los frijoles varios que tienen índice glucémico bajo, alternativas de arroz blanco, semillas como la chía, la linaza y el ajonjolí, verduras ligeramente cocidas, así como hierbas frescas, como albahaca, romero, tomillo, orégano, yerbabuena y perejil.
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