Amalia del Cid y Vladimir Vásquez
117 viviendas colapsadas había en Managua hasta el 17 de abril.
79 “viviendas solidarias” se están construyendo y siete ya fueron entregadas en Mateare, Managua.
220 es el total de “viviendas solidarias” a construirse para ser distribuidas en Ciudad Sandino, Mateare y Managua.
67 casas serán demolidas en Managua(sumando las 16 que Murillo reportó el 18 de abril).
37 edificios de los 39 evacuados en Managua se habían demolido hasta el 17 de abril.
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“Queremos destacar que unos expertos japoneses, que vienen esta semana, harán una profundización de los estudios de todas las fallas que tenemos en Managua”, destacó Talavera.
En días anteriores, la coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, Rosario Murillo, anunció que llegaron especialistas de Cuba y México a apoyar con los estudios a la par de los expertos nicaragüenses.
Los especialistas ayudarán a las autoridades locales a comprender mejor los fenómenos naturales que están ocurriendo y así poder tomar medidas preventivas.
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Le llamaban “La Palomera”. Era alta y soberbia, toda hecha de lodo y coronada con tejas rojas. A sus 147 años era considerada la casa más vieja de la ciudad de Mateare, el orgullo de las seis generaciones de descendientes de Juan Espino. Desde 1867 hasta el pasado 10 de abril, cuando un terremoto de 6.2 grados en la escala de Richter “inauguró” una cadena de sismos que sembraron zozobra en el Pacífico de Nicaragua.
A unas casas de donde cayó “La Palomera”, siguen en pie las ruinas de la vivienda de Epifania Larios, de 55 años. Una casona de adobe, agrietada por todos lados. “En unos días van a venir a botarla”, cuenta con la voz quebrada y los ojos aguados. “No llorés, mujer. Lo material se repone, lo importante es que estamos todos vivos”, protesta desde el patio José Obregón, su marido. Pero Epifania agrega sollozando: “La compré hace 30 años, a puro vender pescado y cosa de horno”. Costo una millonada, en aquellos días en que el córdoba no valía nada.
Donde estuvo “La Palomera” hay tres casitas de fibrocemento, pintadas en azul y blanco. Son “viviendas solidarias”. El Gobierno ya ha entregado siete de ellas en Mateare, Managua, según informó Rosario Murillo, coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, en sus declaraciones del 17 de abril.
En la calle trabaja un obrero gordito y rojo, pintando de blanco una hilera de láminas de fibrocemento. Levantar una casa, dice, puede tomar tres días.
“Yo estoy agradecido con Dios y con el Gobierno”, manifiesta Juan Carlos Obando, bisnieto de Juan Espino. Dormita en el patio, sobre colchonetas donadas. Desde su puesto cuida los muebles y trastos que logró rescatar tras el derrumbe de “La Palomera”. Mira trabajar al gordito y confiesa que extrañará las frescas paredes de 10 metros de altura y el viejo techo de tejas cuando esté en su nueva y caliente vivienda.
El Gobierno, según Murillo, se prepara para entregar un total de 220 viviendas solidarias, que serían distribuidas en Mateare, Ciudad Sandino y los distritos de Managua. Por ahora la familia de Epifania duerme en el patio. Bajo una champa de plástico negro llena de agujeros que antes era el refugio de los perros de la casa.
El sonido del volcán
Oyeron como si de las entrañas del volcán surgiera un “bujido” y otras veces les pareció que el retumbo salía de la tierra. “Es como el sonido de un caracol cuando te lo pegás al oído”, recuerda Angélica Hernández, habitante de Gocen, un caserío de 170 habitantes, ubicado en las faldas del Apoyeque.
Todavía tienen miedo. Hablan de cuartones quebrados, de grietas que se abrieron en la tierra y de las fisuras que aparecieron en las pocas casas de concreto que existen en la comunidad.
Según informes del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), la tendencia es que los sismos bajen en número e intensidad. Y es cierto, ya no “buja” el volcán, asegura Modesta Tórrez, de Gocen. Sin embargo, ella todavía prepara la comida sobre ladrillos rojos, desde que perdió su cocina en el sismo del domingo 13 de abril.
Bajando las faldas del Apoyeque, en la comarca Los Castros, las casas están agrietadas y muchas familias aún tienen las camas en el patio. No se permiten confiar en la calma de la tierra y duermen en la seguridad de sus patios, junto a los pollos.
En la capital
Hasta el 17 de abril, en Managua se contaban 5,265 personas afectadas directamente por los recientes sismos. Eso declaró Fidel Moreno, secretario general de la Alcaldía de Managua.
Para entonces se reportaban 117 viviendas colapsadas y 51 que debían ser demolidas. El funcionario también informó de 342 familias que fueron evacuadas de las viejas estructuras que sobrevivieron al terremoto de 1972 e instaladas en albergues donde, hasta la fecha, se prohíbe la entrada de medios de comunicación.
Los días de los sismos nos han mostrado la necesidad de estar capacitados para enfrentar con calma estas situaciones, considera la psicóloga Onelia Alegría. Para superar los traumas que dejan los temblores, aconseja, es preciso practicar ejercicios de respiración y hablar de esos miedos con personas cercanas. Según ella, la terapia solo es necesaria cuando por pensar en el peligro de los sismos se olvida que la vida tiene que seguir.

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