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Guillermo Miranda
Tal como se esperaba, fueron los días previos a Semana Santa los escogidos por el Gobierno para aprobar la reelección de sus magistrados.
A la luz de dichos resultados, la pregunta obligada es: ¿para esto nos hicieron esperar más de tres años? Sin ánimo de buscar culpables, considero que una vez más la oposición dejó mucho que desear. Tanto el PLC como el PLI fueron incapaces de conciliar candidatos y los que sometieron cada uno por su lado no lograron despertar el interés de la sociedad, la que jamás se identificó con los propuestos por ambos partidos. Esto fue aprovechado por el Gobierno reeligiendo a la casi totalidad de sus magistrados, incluyendo a los que en su momento llegaron a dichas posiciones propuestos por el PLC, pero que hoy son un apéndice del Gobierno de turno, por lo tanto me niego a endilgarles el calificativo de liberales.
Aquí quiero hacer un alto y puntualizar lo siguiente, es un error creer que el pacto Alemán Ortega fue lo que produjo los resultados que acabamos de presenciar; por el contrario Daniel Ortega muy hábilmente mantiene sus posiciones a quienes considera suyos, ya que han pasado todas las pruebas de obediencia a que los ha sometido y se aprovechó del enfermizo protagonismo de Alemán, haciéndole elegir a su hija en la Contraloría y a otro liberal como suplente en el CSE. Ambos sin posibilidad alguna de incidir en el futuro funcionamiento de esos poderes del Estado, logrando con esto que sigamos creyendo en un pacto que no existe.
La pregunta del millón es ¿Qué necesidad tiene Alemán de exponer a su hija mayor al escarnio público?, cuando se evidencie su incompetencia o complacencia ante las violaciones que de seguro continuarán en la Contraloría, cuando según los cálculos más conservadores sobre su fortuna personal, la ubican en rededor de los 200 millones de dólares.
En cuanto al Partido Liberal Independiente (PLI), este volvió a mostrar las incoherencias a que nos tiene acostumbrados y la falta de dirección de su bancada fue evidente, perdiendo con esto una preciosa oportunidad de aglutinar a la oposición a su alrededor y dejar de una vez por todas ese odioso 3.5 porciento que le adjudican las encuestas de opinión. Considero que se equivocaron en el secretismo que mantuvieron hasta el último minuto alrededor de sus candidatos, los que al final terminaron sucumbiendo ante los halagos del Gobierno dejando en entre dicho al que los propuso.
En cuanto al Gobierno, a pesar de la aparente legalidad de los electos, la indispensable legitimidad se les seguirá negando, pues los funcionarios que hizo elegir, hace rato que son cuestionados por corruptos y deshonestos.
Pero se equivocan los que creen que la indiferencia con que el pueblo ha tomado el tiro de gracia dado a nuestra institucionalidad, los convertirá en una dictadura eterna. Lo que pase en Venezuela, el coqueteo con Rusia, la baja de nuestros productos de exportación y las continuas violaciones a los derechos ciudadanos ce quienes nos oponemos a este régimen, terminarán por hacer explotar a nuestro pueblo.
El pueblo ya ha demostrado que nació para la libertad y si hay que volver a pagar el precio para recuperarla, lo volverá a pagar. EL AUTOR FUE COMANDANTE DE LA RESISTENCIA NICARAGÜENSE Y ACTUALMENTE ES MIEMBRO DEL PLI