Lucía Navas
Según el análisis del economista Adolfo Acevedo, el año pasado se redujo como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) lo que se invierte de los fondos presupuestarios en el sector de educación público.
El gasto del Ministerio de Educación (Mined) fue de 2.5 por ciento con relación al PIB del país en 2013, lo cual, si bien fue leve con respecto al año anterior (cuando se ubicó en 2.6 por ciento), es un reflejo del deterioro de los últimos años y de que la educación no está siendo prioridad en las políticas de Gobierno.
Al Mined se le asignaron 7,410.5 millones de córdobas como presupuesto total en 2013.
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Para Acevedo, detrás de las tendencias que ponen de manifiesto las cifras de formación de capital público y privado, y de inversión en capital humano, uno debe interrogarse si las mismas indican que el país está haciendo o no el esfuerzo requerido para aprovechar las tres décadas que restan antes de que la sociedad nicaragüense alcance la fase avanzada de envejecimiento.
Con ese escenario es que el economista recuerda la importancia de que las estructuras públicas respondan a la demanda de las organizaciones que trabajan en el ámbito de la educación, es que como mínimo se debe destinar el siete por ciento del Presupuesto General de la República.
EJECUCIÓN
El Mined además es una de las instituciones que no ejecutó bien su presupuesto de capital o de inversión, el cual fue de 67.6 por ciento en total el año pasado.
De los 522.2 millones de córdobas asignados al Mined como presupuesto de capital, solo se ejecutó 352.9 millones de córdobas, refleja el Informe de Liquidación del Presupuesto General de la República 2013 publicado en el sitio oficial del Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP).
Acevedo dice que las inversiones tardan tiempo en madurar, y para apreciar los plenos impactos de desarrollo de una inversión deben pasar algunos años. Para que el impacto de desarrollo futuro sea significativo, la formación de capital público y privado debería no solo representar una proporción del PIB elevada, sino también mostrar una tendencia creciente.
“Debido a las implicaciones futuras que tienen estas tendencias —que serán padecidas con todo su rigor por niños, adolescentes y jóvenes si las mismas no se cambian—, quizá deberíamos ponerles un poco más de mente, y de debatir esos asuntos un poco más en serio, creo yo”.
Lamenta por tanto este economista que en Nicaragua las políticas gubernamentales no estén priorizando un cambio más acelerado en el sector educativo.
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