Wendy Álvarez Hidalgo
II ENTREGA
Cuando Andrés Galiz (18 años) termine su carrera de Ingeniería en Sistema quiere desarrollar software médicos. Entre los libros y lápices que carga en su mochila negra, él tiene trazado su futuro laboral después de 2017, cuando concluirá sus estudios. Dice que no quiere ser empleado toda su vida, sino un profesional innovador, capaz de abrir una empresa y generar empleo.
Para lograr su meta, Andrés sabe que necesitará en principio de un impulso, ya sea que se lo dé una empresa privada o bien un financiamiento como capital semilla. Este joven afirma que estudia “durísimo” para obtener excelentes calificaciones y espera que eso le sirva como llave para que un empresario le abra una oportunidad profesional.
Pero lo que Andrés espera sobre todo es que las condiciones para acceder a un puesto laboral mejoren para cuando termine su carrera, algo que podría ser posible si el Gobierno realmente ejecuta un ambicioso plan de empleo juvenil que es prácticamente desconocido por la empresa privada, que genera la mayor proporción de empleo en Nicaragua.
El director de la Asociación Nicaragüense de la Industria Textil y Confección, Dean García, considera que la empresa privada puede jugar un rol importante en el Plan Nacional de Empleo y Trabajo Digno y Decente para las Juventudes de Nicaragua, pero si es excluido no pueden hacer nada.
Reconoce que desconoce el contenido de dicho plan y dice que eso podría limitar los alcances de las metas del Gobierno. No obstante, dice que es necesario impulsar una política de ese tipo al recordar que la población nicaragüense es joven.
Según datos del Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2011, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, en Nicaragua existen 1.27 millones de personas con edades de entre 18 y 29 años, lo que representa un 34.8 por ciento de la población.
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Se trata del Plan Nacional de Empleo y Trabajo Digno y Decente para las Juventudes de Nicaragua, que se implementa supuestamente desde 2012 y finalizará en 2016. En el mismo, que contiene 77 páginas, se planea abrir a través del “emprendimiento, cooperativismo y la empresa privada” al menos 92 mil puestos de trabajo para jóvenes con o sin experiencia laboral.
Andrés, al igual que los empresarios, admiten desconocer ese plan que busca reducir en cinco años a 25% el porcentaje de adolescentes y jóvenes que no trabajan ni estudian. Según la Encuesta Continua de Hogares, correspondiente al tercer trimestre de 2012, en Nicaragua habían 553 mil 33 con edades entre 10 y 29 años que no trabajan ni estudian.
Además el ejecutivo se compromete a elevar hasta un 50% la tasa de ocupación plena de las mujeres y 40% en el caso de los hombres.
Igualmente la promesa es aumentar en 10% la tasa de participación de las mujeres en el mercado laboral de manera activa y formal entre 2012 y 2016, según se lee en el documento.
REDUCIR BRECHA SALARIAL
El ejecutivo también se propone reducir la brecha de los ingresos por género y otros grupos en estado de vulnerabilidad. Todas esas metas enmarcadas en una mesa de diálogo social que el Gobierno se compromete a crear con los jóvenes y donde la voz y voto de este segmento poblacional tenga peso.
Y pese a esa promesa, Andrés dice desconocer dónde recurrir para plantear sus necesidades de trabajo y de emprendimiento una vez que termine de estudiar.
El presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), José Adán Aguerri, admite que en Nicaragua existe la necesidad de impulsar un plan de empleo para jóvenes, pero señaló que este debe estar encadenado con todos los sectores generadores de trabajo, porque de lo contrario las promesas se quedarán en intención.
“No sé qué piensa hacer (el Gobierno en materia del empleo joven), pero si no hablan con el sector privado difícilmente van a tener incidencia, así de sencillo. Este tema tiene que ser hablado directamente con el sector privado”, enfatiza.
Paradójicamente en el plan el Gobierno admite que el diálogo con la empresa privada y sindical “es un factor importante” en el mercado del trabajo, y se compromete a fortalecer esas conversaciones con todos los sectores, para impulsar el programa de empleo juvenil.
“Por supuesto que acompañamos esas metas, porque eso le conviene a todos los nicaragüenses, pero cómo lo van a hacer, no tenemos la menor idea”, afirma Aguerri.
ACCIONES NECESARIAS
El presidente del Cosep dice que ese esfuerzo también debe estar encaminado a otro objetivo: que las universidades se adecuen a las necesidades del mercado laboral nicaragüense. “Nosotros queremos que se vayan formando más técnicos (…) Las universidades no pueden seguir graduando gente que las empresas formales no necesitan”, enfatiza.
Es por eso que Aguerri insiste en que una alternativa para mejorar la generación de empleo y reducir la tasa de desempleo juvenil es que “los muchachos estudien carreras que están siendo demandadas por las empresas”.
María José Martínez es estudiante del tercer año de la carrera de Comunicación Social y Relaciones Públicas. Ella admite que cuando decidió estudiar esa profesión no investigó sobre la oportunidad de empleo en ese mercado, pero confía en que encontrará una oportunidad y si no lo logra dice que buscará otra carrera qué estudiar.
María, al igual que Andrés, confía en que el mercado del joven mejorará para cuando concluyan sus estudios.
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