
AFP
Rodeados de una muchedumbre prorrusa, un grupo de manifestantes favorables a Europa fueron obligados a arrodillarse el domingo en las calles de Jarkov, segunda ciudad de Ucrania, donde la tensión crece por instantes.
«¡Arrastraos a vuestra Europa!», gritaba la muchedumbre a un pequeño grupo de ucranianos favorables a occidente, al término de las manifestaciones pacíficas de ambos campos que tuvieron lugar en la ciudad, situada a 40 kilómetros de la frontera rusa.
La muchedumbre cantaba «¡Jarkov es una ciudad rusa!» mientras perseguían a este pequeño grupo aterrado al que obligaron a caminar arrodillados por la estrecha calle adoquinada, protegida por un cordón policial que no hizo nada para poner fin a tal humillación.
Golpeadas, insultadas y cubiertas de escupitajos, estas personas finalmente fueron evacuadas en un vehículo policial. Estos incidentes no hacen más que poner en evidencia la tensión creciente en esta ciudad oriental de Ucrania, pese a que en las manifestaciones no hubo altercados.
“Necesitamos un Estado federal”
Los rusohablantes del este de Ucrania están más vinculados con Rusia y reclaman un Estado federal, al igual que Moscú.
La anexión de Crimea por Rusia, después de la caída del gobierno prorruso en el poder en Kiev, ha abierto la espita de las reivindicaciones.
«Este nuevo gobierno llegó al poder por la fuerza», explicó una madre de tres hijos, Emily Belkina, de 31 años, haciendo el gesto de apuntar con una pistola.
«¿Entiende? Con pistolas, y nosotros no tenemos siquiera un representante en este nuevo gobierno», dice.
«Necesitamos un Estado federal, es lo único que puede salvarnos», alega.
Unas 2.000 personas se reunieron bajo una gigantesca estatua de Lenin, al son de viejas canciones de la II Guerra Mundial y mensajes de radio para espolear a desdentadas 'babushkas' (abuelas) nostálgicas de la Unión Soviética y la joven generación para la que Kiev y sus aspiraciones occidentales quedan muy lejos.
«La federación significa al menos más autonomía y más poder para nuestra región, incluido el derecho de vivir nuestra vida como nos plazca», aduce por su parte Alexander, de 32 años, empleado de una fábrica de partes de aviones de la zona industrial que depende del comercio con Rusia.
A pocos metros se erige la estatua del héroe de Ucrania, el poeta Taras Schevchenko, lugar de cita de los proeuropeos en un ambiente familiar.
“¡Todos al consejo regional!”
La tensión creció rápidamente tras la humillación de los militantes proeuropeos y el anuncio de la toma, por simpatizantes prorrusos, de la sede del gobierno local en Donetsk, ante la pasividad de la policía.
«¡Todos al consejo regional Apoyemos a Donetsk y Lugansk!» donde la muchedumbre se hizo fuerte en un edificio de un servicio de seguridad, grita un hombre a los reunidos bajo la estatua de Lenin.
El consejo regional, un imponente edificio situado al otro lado de la plaza, está protegido desde hace horas por medio millar de policías antidisturbios, fuertemente equipados.
Poco a poco la plaza se va llenando de gente. Varios vehículos encabezados por un Lada de la época soviética entra bajo el ruido de las bocinas hasta el consejo regional.
Al cabo de una hora, animados por el éxito de Donetsk y en otras ciudades y a los gritos de «Rusia, Rusia», la muchedumbre se dirige hacia el cordón policial.
La policía ha recibido la orden de no usar la fuerza y se aparta mansamente, dejando el paso libre a los manifestantes que retiran la bandera ucraniana y colocan la rusa.
Dos consejos regionales acaban de caer en manos de los simpatizantes prorrusos en pocas horas, mientras que unos 40.000 soldados rusos se estacionan al otro lado de la frontera: un verdadero desafío para las autoridades de Kiev.