Marta Leonor González
Su pasión es la música y la literatura. No lejos está la historia que Roberto Carlos Pérez retoma en algunos cuentos, y que ha proyectado en su primer libro, Alrededor de la medianoche y otros relatos de vértigo en la historia. Actualmente vive en Estados Unidos y es profesor de historia y armonía de la música.
De sus cuentos, José Adiack Montoya dice: “Nos describe y transporta a tiempos complejos, nos impregna de la melancolía de la historia y nos hace testigos de primera fila”.
Roberto Carlos tiene 38 años y en sus cuentos ha creado los mundos paralelos de William Walker, José de la Cruz Mena, Granada y los poetas vanguardistas, y la imagen del guerrero Diriá muerto por los perros.
¿Por qué le das importancia a la historia en casi todos los cuentos de tu libro?
Porque somos un palimpsesto de todo cuanto ha sucedido, bueno o malo, y también el último eslabón atado al primer hombre que pobló la tierra. De nuestra especie se espera que evolucione y eso solo se logra observando y evitando los tropiezos de nuestros ancestros.
Tocás el ambiente de William Walker y su paso por Granada, los momentos que se vivieron en la época. ¿Cómo llegaste a la ficción con este personaje y con el hijo de Aureliano Buendía?
En el capítulo siete de Cien años de soledad , uno de los hijos del coronel llegó a Centroamérica a borrar los regímenes conservadores desde Alaska hasta la Patagonia. A los 17 años y tras la lectura de la ejemplar novela, quedé preso en Macondo, en esa “aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban sobre un lecho de piedras pulidas ”. Ya nunca pude abandonarla. Quise rendirle tributo a García Márquez y, para no incurrir en el plagio, el fantasma de todo escritor, uní la historia de William Walker y su paso por Granada en un supuesto manuscrito adquirido mediante una venta pública.
¿Cómo te ha influenciado Gabo y su literatura?
He leído más poesía que prosa, pero la lectura de Cien años de soledad a los 17 años, fue una revelación. Comprendí que, con disciplina, también yo podía contar historias. Claro, jamás superaré al maestro.
“Cervantes me parece la piedra angular, con Rubén Darío tengo una deuda y, con el terror que me causan las listas, es imposible no mencionar a grandes prosistas como Jorge Luis Borges, Leopoldo Lugones, Julio Cortázar, Juan Rulfo, Ana María Matute, Gabriel García Márquez, John Steinbeck, Roberto Louis Stevenson, y un infinito etcétera”.
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Historia o literatura en tu libro de cuentos. ¿Qué te inclina a mezclar estos dos aspectos? ¿Querés contar la historia oficial con tus relatos?
Según Balzac, “la novela es la historia privada de las naciones”. El cuento también lo es. La historia oficial, tal como la entendemos, está contada por los vencedores. En cambio la literatura llena los intersticios que quedan como fisuras no sanadas. Ahí entran los héroes sin estatuas o calles que lleven sus nombres, y que suelen cambiar de manera contundente el curso de la humanidad.
¿Un héroe de Nicaragua que admirés, Augusto C. Sandino, Benjamín Zeledón por ejemplo?
A Rubén Darío, porque nos dio todo y le seguimos dando poco.
LA MÚSICA
¿Por qué elegiste la trompeta y no el violín, el piano, otros instrumentos?
Porque uno se enamora de un instrumento tal como se enamora de una mujer. Pasé por el piano, el violín y un poco de flauta. No se puede hace todo y la suerte me llegó de inmediato, pues descubrí la trompeta a los 12 años. El eterno estigma de la trompeta es ser considerada un instrumento de guerra. Todo lo contrario, suele ser muy lírica y puede incitar a las lágrimas a quienes la escuchan.
¿Cómo asumís las historias de este primer libro?
Me siguen provocando vértigo como cuando las escribí. No las he vuelto a leer porque entonces tardaría 13 años más en corregirlas. Me aterra no estar a la altura de quienes se acercan a leerlas por primera vez.
La música es parte de tu quehacer, ¿cómo la repartís entre la escritura?
Soy músico, y esta pasión me ha enseñado los rudimentos para escribir bien. Estos consisten en una disciplina de soldado. Duermo poco y llevo una rigurosa agenda que me permite practicar la trompeta, leer y escribir todos los días.
José de la Cruz Mena es uno de los músicos nacionales que admirás. ¿Tocás un poco de su vida en Ruinas?
Sí. En el vals que lleva el mismo nombre están grabados las ansias, temores y deseos del gran músico. No fue difícil retratar su angustia y los sueños truncados por la lepra. Su música lo dice todo. Lo que hice fue tomar notas.
¿Te costó retratar a Alfonso Cortés en el ambiente familiar, su locura, y los momentos en que Rubén Darío viene a ser un fantasma en su vida?
Muchísimo. Le dediqué dos años a ese cuento. Hice un par de viajes a Nicaragua y en Washington visité clínicas psiquiátricas. No sé si ahora se diga abiertamente que Alfonso era esquizofrénico, pero durante la investigación jamás encontré un solo estudio que abordara su enfermedad desde el punto de vista médico. No importa. Sin embargo, es fundamental entender que Alfonso no se volvió loco por su unión con Dios o con la poesía. En cuanto a Rubén, ¿cómo atinarle a la voz de uno de los mejores guardianes de nuestra lengua? Por eso decidí que su presencia no se viera sino que se sintiera.
¿Creés que es vigente Darío y su pensamiento? ¿Por qué?
Rubén Darío sigue más vigente que nunca. Gracias a él y a todo el conjunto modernista hablamos con la flexibilidad que hablamos, nos vestimos como nos vestimos y nuestra literatura, a creer o no, sigue teniendo fuerza.
¿Tu cuento La torre de Dios es un homenaje a la Vanguardia literaria granadina?
En efecto. La intención era honrar a esos maravillosos jóvenes que cambiaron para siempre nuestro panorama literario.
Pedro Arias Dávila es un personaje que percibo tiene especial atención para vos y los sucesos de la colonización en el país. ¿Qué te hace retomar estos temas y gentes?
Porque las cosas en poco han cambiado. Nicaragua sigue siendo tierra de caudillos y nosotros receptáculo de sus pasiones. Vamos de mal en peor. Para verlo y entenderlo es importante hacer un repaso de nuestra historia desde sus comienzos, para no incurrir en los mismos errores que hemos cometido como nación, pues las tragedias de Nicaragua han tenido nombre y apellido. El último caudillo en ocupar el cetro y la corona supera al anterior en maldad.
“ANIMALES DEPRAVADOS”
¿Cuando te referís a Caudillos en Nicaragua, de quién o de quiénes estás hablando?
El caudillo es un jefe de guerra. Desde que Nicaragua es nación, nuestros líderes, de una u otra manera, han promovido la guerra, excepto en el caso de Violeta Chamorro. La guerra es violencia y en este momento tenemos a uno (y a su esposa) como caudillo de turno.
¿Qué opinás de los políticos?
Que son, en palabras de Rousseau, animales depravados.
Siempre se discute que un escritor tiene que estar comprometido con su tiempo. ¿Cuál es tu apreciación?
El único y verdadero compromiso de un escritor es con su oficio. Estamos llamados a hacer lo que hacemos muy bien. Ya eso nos compromete con nuestro tiempo.

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