[/doap_box][doap_box title=»Más fauna afectada» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
Otro aspecto que ha afectado es la reproducción del camarón de río, que por la sedimentación en la zona de El Castillo y Bartola, ya casi no se encuentra en los lugares donde antes se sacaba.
Según Seyla Obregón, propietaria de Nena Lodge&Tours, “cada año llueve menos, el despale es evidente a lo largo de la orilla del río. Todo esto ha venido a afectar la pesca, esa tierra drenando hacia el río San Juan ha afectado la pesca del camarón de río”.
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Rezaye Álvarez M.
A 15 minutos en lancha río arriba de El Castillo, Río San Juan, el verde perenne de la ribera sur se corta y entre los pocos árboles y arbustos que quedan se puede ver tendido eléctrico y casas. Ahí es Costa Rica.
Si bien la trocha no tiene un sentido aparente, en sitios como El Castillo y Bartola, dueños de hoteles manifestaron que algunos costarricenses sí le encuentran utilidad a la polémica obra a orillas del río.
Según Seyla Obregón Bustos, propietaria del Nena Lodge&Tours en El Castillo, desde que se construyó la trocha la población ha experimentado temor por la constante entrada de costarricenses para cazar animales en la Reserva Indio Maíz.
Entre las especies que cazan están los guardatinajas, venados y tapires.
“Al tener la carretera al lado, (algunos costarricenses) viajan y bajan hasta la orilla del río a pasar dizque el fin de semana y lo que bajan a hacer es cacería ilegal en Indio Maíz, porque el punto de control de guardaparques del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena) y del Ejército es en Bartola, luego el siguiente es hasta Boca de San Carlos y hay una distancia entre 30 y 40 kilómetros”, aseguró Obregón Bustos.
«CAMPING» EN INDIO MAIZ
Esta afirmación fue respaldada por Sandra Castrillo Valle, propietaria de un hotel en Bartola, quien aseguró que en una ocasión descubrieron a un numeroso grupo de personas extranjeras “instalados todo un día haciendo camping” en plena Reserva Indio Maíz.
Castrillo Valle aseguró que en esa ocasión los invasores incluso tenían tres fogones armados para cocinar y portaban armas de cacería, machetes y otros instrumentos de aventura.
Sobre la caza, Castrillo Valle denunció que incluso se han metido en su propiedad y que ha visto motos y camionetas que salen de la reserva con sacos de carne de guardatinaja y de venados.
Según Obregón Bustos, hay gente asentada en la orilla tica del río que “cruza el río, entra a cazar y venden las carnes a restaurantes como productos exóticos”.
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