En el cuartel de Randy Caballero confían en su ímpetu. El joven hijo de un esteliano, que se asoma al título del mundo, le sonrió a la báscula, dio un suspiro y marcó el peso pactado (118 libras) en su habitación tres horas antes del pesaje oficial, según comentó su entrenador Marcos Caballero.
El pugilista siente el boxeo como una guerra que el triunfo es la conquista, donde no hay chance de caminar en reversa. Mañana es el reto mayúsculo ante el japonés Kohei Oba de 35 victorias y solamente dos derrotas y dice estar claro del gran obstáculo que le espera, pero igualmente seguro de que se impondrá.
Randy está muy motivado, este reto lo toma como todos los demás, siempre difíciles. Él sabe que trabajó muy fuerte para este combate y sin duda será la pelea más fuerte por la experiencia de su rival, aunque el muchacho ya se ha enfrentado con peleadores de alto calibre, indicó su papá Marcos Caballero.
Para Caballero su hijo es un boxeador que es muy explosivo y conforme vayan pasando los rounds, el japonés se irá deteriorando. Randy nunca opina mucho simplemente sigue las indicaciones que le planteamos y muestra su fortaleza, subrayó Caballero.
Mañana en Kobe, Japón, Randy Caballero luchará por su destino y aunque no atrape ningún león, por lo menos el púgil tiene que vestirse de safari y brindar un buen espectáculo, para salir airoso y seguir en su próxima pelea ante el inglés Stuart Hall.
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