Lucydalia Baca Castellón
Relata que tras seis meses de gestión consideran que se han convertido en “expertos” en cumplir requisitos, pero siguen sin obtener los 136 mil dólares que solicitan para construir un pozo que garantice el abastecimiento permanente de agua y poder trabajar al menos cuatro días a la semana en lugar de uno como ahora.
También para construir un patio de secado y biodigestores que permitan reciclar el agua utilizada en el proceso y para aprovechar el gas que se genera, ya que la yuca lo produce en cantidades.
“Este trámite ha sido denigrante y desgastador, hasta bajamos el monto hasta 112,000 dólares pero aun así no obtenemos nada, hay demasiada burocracia. Entonces aunque haya energía eléctrica y también yuca hasta para volar para arriba, no podemos producir. Eso frena nuestras metas de crecimiento”, lamenta Espinoza.
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También buscan obtener los registros sanitarios y desarrollar las marcas de los productos.
[/doap_box][doap_box title=»El cultivo de la yuca» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
Después de siete meses puede comenzar a cortarse. Sin embargo, también puede permanecer en la tierra hasta por dos años.
El corte escalonado garantiza el abastecimiento constante a la planta procesadora.
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Hace ocho años el afán de contribuir a mejorar el nivel de vida de pequeños productores de yuca de Masaya, impulsó el nacimiento de la Asociación Nicarahuac. Actualmente, 242 asociados casi han duplicado el nivel de rendimiento y ya no venden el producto fresco. Lo transforman en almidón, harina y afrecho que ofrecen en el mercado nacional, pero en el futuro podrían exportar.
En abril del 2006 el proyecto arrancó con siete socios que obtenían 180 quintales de yuca por manzana, cantidad que sigue siendo el rendimiento promedio nacional.
Para mejorar la productividad, el primer paso fue buscar semillas de mejor calidad y transferir tecnología para garantizar la sostenibilidad del cultivo.
Con el apoyo de la Fundación para el Desarrollo Tecnológico Agropecuario y Forestal de Nicaragua (Funica), el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Centro Nacional de Investigación Agrícola y Biotecnología (CNIAB) se logró el desarrollo y validación de 33 variedades de semilla, aunque las que más se usan son las seis más ricas en materia seca (llamadas variedades amargas) que se han adaptado a la zona.
DUPLICAN RENDIMIENTO
“Estas son las que poseen mayor cantidad de almidones y amilopectinas. Porque por ejemplo, de la variedad algodón (para consumo fresco) se necesitan seis quintales para sacar uno de almidón, en cambio de valencia se necesitan cinco quintales y de CN540-3 solo se necesitan cuatro quintales para uno de almidón”, detalla Moisés Espinoza, coordinador de la Asociación Nicarahuac.
Con el uso de estas variedades y la adopción de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) las 242 familias involucradas en el proyecto han elevado el rendimiento promedio hasta 320 quintales por manzana, casi el doble de los 180 que obtenían antes.
“En esa misma proporción han incrementado sus ingresos. En promedio el productor recibe entre 95 y 120 córdobas por saco de yuca (poco más de quintal)”, indica Espinoza.
Aunque han avanzado en este campo, la asociación demanda la liberación de otras variedades propuestas y la adquisición de más variedades amargas que solo se consiguen en Colombia.
Las familias involucradas en este proyecto poseen parcelas de entre una y tres manzanas cada una y alternan el cultivo de yuca con granos básicos para consumo. En total, el grupo está organizado en seis cooperativas que cultivan entre 380 y 430 manzanas de yuca en cada ciclo agrícola.
EL VALOR AGREGADO
Paralelo al mejoramiento de las condiciones del cultivo se garantizó la industrialización de la producción. La asociación compró una planta que había sido instalada por la cooperación austriaca en 1999 y que tras el fracaso del proyecto, por el alto costo de la energía y los racionamientos, quedó en abandono, relata Espinoza.
La inversión inicial fue de 84 mil dólares pero en estos casi ocho años para modernizar los equipos y ampliar la capacidad de procesamiento ha requerido que se amplíe hasta 300 mil dólares.
La yuca que se cosecha en las plantaciones es trasladada a la planta donde pasa por varios procesos:
• Pesar, lavar y pelar el producto la yuca.
• La yuca que se transformará en harina es pasada a los molinos y la que se hará almidón pasa a los rayadores.
• A través de procesos de centrifugación, separación y secado colado se obtiene el producto final, explica Arsenio Téllez, técnico de campo de la asociación.
En la medida en que se realizan los procesos van quedando restos que se venden en forma de fibra y afrecho, que solos o combinados con otros productos, se utilizan como complemento alimenticio para cerdos y ganado.
FALTA DE AGUA OBSTACULIZA
Según Téllez, pese a los beneficios que genera a los productores este innovador proceso, la asociación no puede aprovechar al máximo la demanda de harina y almidón del mercado local y que es suplida con las importaciones del producto.
Téllez y Espinoza coinciden en que ampliar la producción sería muy fácil. Sin embargo, el problema es que la planta solo trabaja al 15% de capacidad porque en la comunidad Buena Vista de Masaya, donde está ubicada, solo reciben el servicio de agua potable una vez por semana, y solo se puede trabajar ese día.
En cada jornada se procesan 500 quintales de yuca de los más de 130 mil quintales que se producen por ciclo agrícola. Del proceso se obtienen cada semana 250 quintales de almidón y 100 de harina. Durante la elaboración de estos productos queda un 0.7% de afrecho.
La producción fácilmente podría cuadruplicarse ampliando la jornada a cuatro días. Existe producción de yuca para hacerlo y hay suficiente demanda en el mercado, dice Espinoza, “pero las condiciones no están dadas para lograrlo”.
El almidón y la harina de consumo humano es adquirida por plantas procesadoras de embutido como espesante. La de consumo animal por las empresas que elaboran alimentos para perros y camarón.
El almidón también es adquirido por las artesanas para la elaboración de piñatas. El precio de estos productos es de entre 610 y 1,100 córdobas por quintal. El afrecho fresco cuesta 15 córdobas el balde y el seco 180 córdobas por quintal.
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