Amalia del Cid
Bajo el incandescente sol de León, ayer a las 11:00 de la mañana fue sepultado el cuerpo del minero Roberto García Fúnez, quien murió tras sufrir quemaduras de tercer grado mientras trabajaba en la mina El Limón, del consorcio B2Gold. El pasado jueves 27 de marzo García se sumó a la lista de al menos 12 nicaragüenses que en los últimos cuatro años han perdido la vida en las minas de oro artesanales e industriales.
Derrumbes, hundimientos y caídas al vacío figuran entre las causas de muerte de estas personas. “La industria minera es un oficio que implica riesgos, porque se trabaja en entornos difíciles”, reconoce Álvaro Peralta, vicepresidente de Asuntos Corporativos de la minera Hemco.
El pasado martes, Roberto García Fúnez y su equipo probaban un nuevo sistema de bombeo de agua subterráneo que serviría para enfriar la mina, donde corre agua hasta a setenta grados centígrados debido a fallas geológicas que conectan con volcanes cercanos, explicó el ingeniero Martín Esparza, gerente de B2Gold mina El Limón.
Hemco y B2Gold aseguran que se están tecnificando para disminuir los riesgos. “Las operaciones hoy en día son mucho más seguras. Hemos invertido, en los últimos tres años, sesenta millones de dólares para hacer la mina cada vez más segura”, sostiene Martín Esparza, gerente de B2Gold mina El Limón.
[/doap_box]
A juicio de Esparza, dada la particularidad de la mina, el accidente que causó la muerte del minero es “muy específico” y el desacople de la válvula es una “cosa fortuita”. Sin embargo, a los ojos de Gonzalo Carrión, director jurídico del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), este caso “evidencia la vulnerabilidad y los altos riesgos que corren los mineros” y el abogado sugiere “se pidan cuentas” al Ministerio del Trabajo.
Riesgos
En cuatro años, la empresa Hemco ha perdido a dos de sus empleados. En 2010, el especialista en seguridad Julio Urbina Mendoza, de 35 años, cayó cuando ascendía a la superficie tras concluir una supervisión en una mina artesanal, donde instruía a pequeños mineros. Y en 2011, Andrés Santos Siles, de 30 años, falleció al hacer una perforación. El suelo de la mina se hundió bajo sus pies.
Sin embargo, para Álvaro Peralta “la mayor parte del tiempo los riesgos pueden controlarse y preverse”. Como las altas temperaturas, los ruidos, las vibraciones, la presencia de gases y los derrumbes, enumera.
Esparza también cree que los riesgos son mitigables. Para él, los cinco principales peligros en las minas industriales son las voladuras que desestabilizan la roca, los incendios, pues se usa corriente eléctrica en todas las operaciones; el tránsito de maquinaria que expone a los mineros a una muerte por aplastamiento, las inundaciones y terremotos, y una inadecuada actitud del personal.
Los mineros artesanales tampoco escapan del peligro. En los últimos dos años, al menos seis han muerto en las minas. Cinco de ellos en derrumbes y uno, el adolescente David Otero Torres, de 15 años, al sufrir una caída. Su cuerpo fue encontrado a cuatrocientos metros de profundidad en una mina abandonada de Bonanza, en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN). “La actividad misma es de riesgo y si no hay fiscalización adecuada, la vida del minero está más expuesta”, subraya Carrión.
Esta semana B2Gold mina El Limón discutirá con la familia de García la indemnización que esta recibirá. “Es un tema delicado, pero Roberto va a ser indemnizado como lo que ha sido y lo que es: una persona que dedicó más de veinte años a la corporación”, afirma Esparza. En estos días, la empresa también echará a andar el sistema de bombeo de agua caliente.

Ver en la versión impresa las páginas: 1 A ,5 A