Alejandro Varela/ACAN-EFE
La campaña para las elecciones generales del próximo 4 de mayo ha destapado amplios focos de pobreza, marginación y violencia, así como graves deficiencias en infraestructura básica y de servicios públicos en Panamá.
“Este es mi carro (vehículo), no tengo otro, es con el que voy a trabajar todos los días; podría venir en el de mi hijo, pero, ¿por qué voy a engañar, a esconder quién soy yo?, explica, mientras del maletero extrae afiches, camisetas y gorras con su nombre y se los entrega a los votantes que la rodean.
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Los candidatos a los diferentes puestos en disputa se han visto obligados a adentrarse para conquistar votos en terrenos muy alejados del escaparate de bonanza, e incluso opulencia, que ofrece la capital de este país.
Es el caso de la abogada Giulia De Sanctis, candidata a diputada por el democristiano Partido Popular, a la que Acan-Efe siguió en una jornada de campaña en San Miguel, uno de los barrios más abandonados de la capital panameña.
Los 16,500 votos que aporta dan una idea de la dimensión de este barrio controlado por varias pandillas juveniles armadas que protagonizan constantemente enfrentamientos con el resultado de una media anual de muertos que nadie puede o quiere concretar.
“Quién manda más, quién mata más” es el lema que anima la contienda armada, según explica a Acan-Efe, Kiko, un veterano y popular deambulante del barrio, vestido en harapos y carente de gran parte de su dentadura.
YaoYao Nds (Niños del Silencio), Evolution, Sagrado y Mom (Matar o Morir), son las cuatro pandillas que se disputan el control de San Miguel, donde la policía solo entra a mirar “con miedo”, relatan dos jóvenes en un edificio denominado el “Pentágono” en el argot pandillero.
Según esos dos testimonios, que corroboran otros muchos, la droga es el principal motivo de litigio, en concreto el control de la venta “de cocaína, crack y marihuana, a los que vienen aquí a comprar de la zona yeyé”, como se conoce el área de lujoso desarrollo urbano en la capital, a menos de un kilómetro de distancia.
El aspecto de la candidata, de 50 años de edad, de origen italiano, rubia, ojos claros, un metro ochenta de estatura con espigada y esbelta planta, contrasta con el de sus compatriotas en el barrio de San Miguel, mayoritariamente afroamericanos.
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